viernes 4 de diciembre de 2009

Mañana



Szperling/Dorr/Maffía/Almada
www.nochehumbert.blogspot.com

domingo 15 de noviembre de 2009

Premio Cosecha Eñe 2009

Mi relato Apuntes sobre nactufras resultó finalista del concurso organizado por la Revista Eñe (España), que seleccionó 10 relatos entre los 2000 enviados.
El viernes 13 fue la entrega del premio. Allí fue mi amigo Luciano, de punta en blanco, a recibir el diploma y alternar con los demás finalistas.
No me llevé el premio, pero me puso realmente contenta llegar a la final junto a escritores prestigiosos de España, Chile, Perú y Argentina.
Aquí noticias del ganador, Andrés Barba, y del evento en general. Y en breve los diez relatos que serán publicados en el número de otoño de la revista. (Click!)

jueves 29 de octubre de 2009

Archivos

Fragmento de un relato escrito bajo los influjos del perfume venenoso de la Fleur Jaeggy, hace dos años.
El matrimonio
Irma Zack está toda vestida de blanco. De novia. Afuera el viento silba, la noche se cierra como un puño alrededor de la aldea, de la casa paterna del Sr. Zack, que ahora es su casa. Se mira en el espejo. No se ha sentido bella en todo el día. La falda le chinga. Un defecto que las manos de hada de la prima Adele no pudieron corregir, aunque disimuló con unos diminutos alfileres. Le parece que no es un buen comienzo para una novia y teme.
Ahora por fin puede sacarse el vestido. Debe quitárselo para no volver a usarlo nunca. Sobre la cama doble está la caja de cartón que la misma Adele forró en papel de seda, como un ataúd floreado, esperando el vestido, los restos de su soltería. Una vez que lo guarde y lo cubra con el finísimo, crujiente papel, irá a la parte alta del ropero, de donde no volverá a salir nunca.
Irma comienza a quitarse el traje de novia. Antes de salir, Adele le ha soltado la larga hilera de pequeños botones forrados en satén, uno debajo de otro, siguiendo la línea de la columna vertebral. Lo pliega tal como Adele le ha indicado. Antes de poner la tapa, lo mira una última vez y trata de alejar los malos pensamientos.

Afuera, en el pasillo, el Sr. Zack espera vestido con el pijama de estreno. Se mojó la cabeza y se puso mucha loción para tapar los vahos alcohólicos de la fiesta. Tiene la pija dura.

domingo 18 de octubre de 2009

Embrujo poético




www.ciclocarnaeargentina.blogspot.com

jueves 8 de octubre de 2009

Hoy CF en Rosa Molesta Club



Naranjas azules presenta
Los 4 fantásticos
Carlos Gardini/Laura Ponce/Alejandro Alonso/Juan Guinot

Jueves 8 de octubre, 20.30
Bar de La Tribu (Lambaré 873)
Entrada gratis

domingo 6 de septiembre de 2009

El camino del tabaco

-Tenés que leer esto-, me dijo un amigo y me puso en la mano una edición vieja y estropeada de Sudamericana de un libro llamado "El camino del tabaco", firmado por un tal Erskine Caldwell.
Cuando leí el título, por un momento, temí que me lo estuviese dando por mi afición al tabaco. ¿Sería un libro de autoayuda para fumadores empedernidos? ¿Se estaría convirtiendo mi amigo -y compañero de algunos vicios, vale decir- en uno de esos acólitos de la vida sana?
-¿Qué es?-, pregunté con cierto temor.
-Te va a encantar- me dijo-, fue un best seller en su época y ahora nadie se acuerda ni del libro ni del autor. Haceme caso: leelo.
-Bueno-, le dije y el libro quedó sobre el escritorio un par de días.
El libro es pequeño y liviano. Como dos por tres sufro de dolor de espalda -según mi novio por la manía de dormir con los dos gatos que me ocupan la mitad de mi mitad de la cama y me obligan a torcerme según el despliegue que se les antoje darles a sus cuerpos- nunca llevo libros pesados en la cartera. Así que una mañana, saliendo para el trabajo, agarré "El camino del tabaco" y lo metí entre mis cosas, un peso casi imperceptible.
Lo abrí esa mañana en el 96. El olor a viejo del libro, el adorable olor a viejo de los libros viejos, colmó mi nariz librándome de los olores matutinos de un colectivo cargado de trabajadores. ¿Por qué, por el amor de dios, nadie abre las ventanillas? Leí unas diez páginas en el trayecto y lamenté que hubiésemos llegado tan rápido. Lo volví a abrir en el 2, a las dos de la tarde. Lo seguí en la cama antes de dormir la siesta. Volví a abrirlo en el 96 a la mañana siguiente y otra vez en el 2, a la tarde. Se lo comenté a otro amigo por teléfono. Me obligué a no terminarlo tan pronto como quería, a retenerlo todo lo posible como, cuando era chica, hacía durar en la boca mi caramelo favorito. Leí quince de las últimas veinte páginas en el 53, un domingo a la nochecita, de parada, rodeada de niños y mujeres y hombres que volvían de sus paseos domingueros, bajo la luz mortecina de ese colectivo que volvía todo más triste y miserable, si es que es posible tornar más triste y miserable un domingo a la nochecita. Lo terminé esa misma noche en mi casa.
"El camino del tabaco" es una novela tremenda. Jeeter Lester vive con su familia en una casa medio derruida al borde del camino del tabaco. Los Lester tuvieron diecisiete hijos; cinco murieron y de los doce que quedaron vivos, sólo dos viven con ellos. De los otros nada saben, huyeron hacia la ciudad a trabajar en las hilanderías o en los aserraderos, en busca de una vida un poco menos miserable. Con ellos queda una muchacha con la que nadie quiere casarse pues tiene labio leporino. Por pereza, Jeeter lleva quince años postergando el momento de llevarla a la ciudad para que un médico le cosa el labio y la chica pueda seguir con su vida. Y un adolescente que en breve va a casarse con una predicadora, veinte años mayor que él, la viuda del predicador, una mujer libidinosa e ignorante que dice que habla con Dios y que no tiene nariz, solo las foses nasales, los agujeros grandes y negros que la vuelven un montruo aunque con un cuerpo todavía apetecible según la mirada de Jeeter. En la casa también vive la madre de Jeeter, una vieja que todos esperan que se muera de una vez por todas y a la que tratan peor que a un perro. Y Ada, la esposa de Jeeter, cuya mayor preocupación es tener un vestido del largo apropiado, esto es del largo de moda, el día de su entierro. A Jeeter también lo preocupa su entierro y les ha hecho jurar a todos que le conseguirán un traje cuando llegue el momento, que no tendrán el tupé de enterrarlo con su overol, y que tampoco permitirán que una rata se meta en su ataúd, como sucedió con su padre que se fue a su última morada con parte del cuello y la cara comidos por el roedor. Los personajes de la historia se completan con Lov, el yerno de Jeeter, casado hace unos meses con su hija de doce años.
La miseria, la lujuria y una religiosidad chasco atraviesan toda la historia.
Los personajes son la basura blanca de la Gran Depresión de los años 30. Fornicadores, ladrones y, por momentos, tremendamente ingenuos. Dios es la excusa y el fundamento para seguir atados a la pobreza, para dejar todo para el día de mañana, cuando Dios quiera.
"El camino del tabaco" es una novela terrible, descarnada, por momentos exasperante y, siempre, una obra de la mejor narrativa norteamericana del siglo XX. Fue a parar enseguida a mi pequeño altar de novelas que agradezco haber encontrado en esta vida, junto a "El corazón es un cazador solitario", de Carson Mc Cullers y "Mientras agonizo", de Faulkner.
No me queda más que recomendarla y envidiar a los futuros lectores de esta obra inmensa. Y agradecerle a Sebastián por habérmela prestado.

viernes 21 de agosto de 2009

Premio Juanele

Mis amigos del Grupo Metamorfosis, de Paraná (Entre Ríos) lanzaron este concurso con el nombre de uno de los más grandes poetas de la Argentina, Juanele Ortíz, en el que premiarán al mejor libro de poesía (editado). Hay $2000 de premio y la obra que un artista plástico realizará ad hoc basándose en el libro premiado. Cierra el 21 de septiembre.
Las bases completas aquí.

sábado 15 de agosto de 2009

Ya llegó la primavera!


Ciclo Carne Argentina presenta
Colección Primavera
Juan José Becerra/Mariana Suozzo/Carlos Moreira
...y desde Corrientes
José Gabriel Ceballos
Jueves 20 de agosto, 20.30
Bar de La Tribu (Lambaré 873)
Entrada gratis

sábado 8 de agosto de 2009

Bien saignant!


Ciclo Carne Argentina en el aniversario de la Revista Llegás
Alejandra Zina/Julián López/Selva Almada/Millán&Pandolfelli
Jueves 13 de agosto, 20.00
Biblioteca de la Alianza Francesa
Avenida Córdoba 936
Entrada gratis

miércoles 5 de agosto de 2009

Mujeriegas


Adelantando el curso sobre escritoras que dará en agosto en la librería Paradigma, Marina Arias publicó un par de artículos en Hablando del asunto. El segundo de ellos sobre Sierra padre, de María Martoccia, y Una chica de provincia. (click)

domingo 19 de julio de 2009

Ayer en El Litoral de Santa Fe



A la hora de la siesta (click).

jueves 16 de julio de 2009

Muy recomendado!


Hace poco salió Glaxo, la última y bienvenida novela de Hernán Ronsino. Se las recomiendo. Es breve así que se aconseja paladearla despacito para que no se termine tan rápido!
En El interpretador pueden leer un fragmento (click).

lunes 29 de junio de 2009

Último número


Entrevista a Ana María Shua/Encuesta sobre talleres literarios/Reseñas de libros y etc.

domingo 21 de junio de 2009

Frío

Ciclo Carne Argentina presenta
Colección Invierno
Naty Menstrual/Ricardo Ragendorfer
Concepción Bertone/Enrique Butti
Jueves 25 de junio, 20.30
Bar de La Tribu [Lambaré 873]
Entrada gratis

domingo 14 de junio de 2009

Hoy en La Gaceta de Tucumán

Muchas gambetas, varios laterales y algún gol

Fútbol, "De puntín, autores varios, (Sudamericana / Mondadori - Buenos Aires). Una antología con subtítulo pomposo reúne 21 relatos, de los cuales cinco se comen la cancha. Por Walter Vargas


Hace rato ya que en la Argentina la literatura futbolera dejó de ser cosa de los acreditados pioneros, Juan Sasturain, Osvaldo Soriano, Rodolfo Braceli (aunque en menor medida) y, naturalmente, Roberto Fontanarrosa, indiscutido Maradona del género. De un par de lustros a esta parte, el fascinante juego de la pelotita ha propiciado unas cuantas historias contadas por nuevos autores de procedencia diversa, a cuya cabeza, si de sangre joven hablamos, se han puesto Eduardo Sacheri y Ariel Scher. En cualquier caso, aludimos a una expansión y a una profusión que ha tenido, y tiene, consistencia y continuidad sobremanera a partir de la contribución de Ediciones Al Arco, primera y única editorial argentina dedicada pura y exclusivamente a temáticas relativas a los deportes. Al Arco, que ahí vamos, salió a la luz en 2003 con el imperdible De puntín (11 relatos que constan en un libro cuyo prólogo le correspondió a Jorge Valdano; su contratapa, a Eduardo Galeano y sus ilustraciones, al ya aludido Negro Fontanarrosa), pero que nada tiene que ver con el De puntín que acaba de editar Sudamericana (bajo el sello de Mondadori), flagrante y pasmoso calco presentado mediante la pomposa leyenda de “Los mejores narradores de la nueva generación escriben sobre fútbol”. Sellada la aclaración, que urgía, entonces sí cabe señalar que este De puntín reúne a 21 autores -uno de los cuales es Diego Grillo Trubba, a cargo, asimismo, de las tareas de selección- que procuran plasmar ideas y destrezas no siempre consumadas con felicidad. A veces, porque los partidos en cuestión no terminan de ser interesantes; a veces, porque las historias laterales son tan laterales que el fútbol deviene forzamiento borroso. Con todo, este libro ofrece la gracia de no menos de cinco cuentos que bien valen la entusiasta recomendación. Dios aprieta Start (Leandro Custo), Hombres que no aman al fútbol (María Fasce), ¿Para qué te voy a mentir? (Agustina Arias), El caso Di Canio (Juan Terranova) y, perla entre perlas, La camaradería del deporte, de Selva Almada. Encantadoras las señoritas que, al tiempo que faenan pollos, cultivan sus devociones futboleras ajenas a la languidez del eufemismo o, mejor, ajenas a toda languidez. La entrerriana Almada, en fin, se revela como uno de esos jugadores capaces de mejorar sus equipos y justificar plenamente el pago de la entrada.
© LA GACETA
Ver fuente de la nota.

domingo 31 de mayo de 2009

54 semanas

54 semanas es un proyecto de Erik Molgora, fotógrafo peruano residente en España. "Una postal sin texto, sin historia ni remitente, no es más que un souvenir sentimental. En este blog se suman dos potencias: la palabra y la imagen. A partir de una fotografía, y durante 54 semanas, igual cantidad de autores han sido convocados a escribir un relato que complete la estampa. Un álbum de fotos más otro de relatos. Esto es, un álbum de postales."
Esta semana se publicó mi relato La monja blanca escrito a partir de una fotografía suya.
Pasen y echen un vistazo, hay una buena cantidad de relatos de escritores latinoamericanos contemporáneos. Clik acá!

miércoles 6 de mayo de 2009

Salón literario

Casilda queda a 50 kilómetros de Rosario. La ruta de acceso está transitada por camiones transportadores de cereal y los silos plateados se levantan sobre los campos como armatostes de una viejísima película de ciencia ficción. Cada 5 kilómetros hay carteles que nombran pueblos que deben quedar atrás de los campos, de un uniforme color marrón por los rastrojos que quedan después de la cosecha.
Casilda tiene cuatro plazas juntas y enormes en el centro. Y un montón de hoteles. Demasiados para una ciudad tan pequeña (más tarde me explicarían que la capacidad hotelera de Rosario es muy reducida, así que muchos viajeros pasan las noches en Casilda).
Casilda tiene un teatro bellísimo, el Dante, fundado en 1875, por los italianos que poblaron esas tierras en el siglo XIX. Abandonado durante muchísimos años, con sus ventanas y puertas tapiadas, con las paredes pintadas con los nombres y las promesas de los candidatos de turno, el Dante estuvo a punto de ser vendido y demolido. La gente de Casilda se opuso y luchó hasta conseguir que la municipalidad lo comprara y consiguiera la plata para restaurarlo. Hace poco más de un año, el Dante fue reinaugurado. Ahora lo dirige y lo cuida, como si fuese su propia casa, Diego Costa. Prácticamente sin presupuesto, pero con un empecinamiento y un compromiso sorprendentes.
Diego me llamó hace un par de meses para invitarme a este Primer Salón Literario, que arrancó la tardecita ya oscurecida del 1 de mayo y que terminó, para el público, alrededor de las 11 de la noche y, para los escritores invitados, a las 4 de la mañana en el bar de Yamil Dora, el poeta que lo ayudó en la organización, un gran anfitrión y un tipo divertidísimo.
Tuve el placer de compartir las lecturas con escritores de Casilda y de Rosario, gente joven que escribe sin pausa y sin pretensiones (¿Frankfurt 2010? ¡qué buen chiste alemán!).
El cierre del Salón estuvo a cargo de Rodolfo Alonso en una charla con Sergio Gioacchini (director de la editorial rosarina Ciudad Gótica, que tiene un catálogo de 400 títulos).
Confieso que no lo conocía a Alonso: un escritor de una trayectoria enorme, poeta, traductor de Pavesse, Ungaretti y Pessoa, un hombre ilustradísimo, autodidacta, curioso. Y de una enorme generosidad.
A la mañana siguiente, mientras me sacudía la resaca de la noche anterior, en el comedor del hotel, charlamos un rato largo con Rodolfo Alonso. Enterado de mi entrerrianía me contó de cuando tenía 17 años y con Paco Urondo cruzaban a Paraná en la balsa para visitar a Juanele. "Caminábamos por la orilla del río y Juanele nos mostraba las distintas tonalidades del agua a medida que avanzaba el crepúsculo. Andábamos a los manotazos matando mosquitos. No Juanele: cuando el brazo se le ponía negro, simplemente pasaba la mano y los apartaba." Y Alonso repitió el gesto sobre la manga del saco y sonrió como si lo estuviera viendo.

martes 28 de abril de 2009

Casilda [Santa Fe]




miércoles 8 de abril de 2009

Figurín literario

Carne Argentina Colección Otoño
Iosi Havilio/Teresa Arijón
Cristian Alarcón/Hebe Uhart
Jueves 16 de abril, 20.30
Bar de La Tribu [Lambaré 873]
Entrada gratis

jueves 26 de marzo de 2009

Locas por el fútbol

Hasta los 5 o 6 años iba bastante a la cancha. Mi padre era jugador en el Club Recreativo San Jorge y mi tío Luisito (en los partidos le decían el Vaca) en su eterno rival, el Club Atlético Villa Elisa. Me llevaban mis tías y mis vecinas; a veces también venía mi madre. De esa época recuerdo sobre todo los campeonatos nocturnos que se jugaban en verano. El perímetro de la cancha, débilmente iluminado por bombitas domésticas, lindando con los fondos del viejo hospital y los terrenos baldíos sembrados de chilcas. El cielo solía estar plagado de estrellas y desde los pastizales llegaba el canto de los grillos. Me agarraba del tejido para ver de cerca a los muchachos corriendo atrás de la pelota. Todos me parecían atléticos y hermosos. Soñaba con ser la novia de alguno cuando fuera grande.
La camaradería del deporte es el relato que escribí para la antología De puntín (Mondadori, 2008). Es una historia de botineras de pueblo, sin siliconas ni fotos de tapa en la revista Papparazzi; solo chicas que aman el fútbol y a los futbolistas.
Relato completo (click).

miércoles 4 de marzo de 2009

Manos a la obra!


martes 24 de febrero de 2009

Semanario Análisis/Entrevista


martes 10 de febrero de 2009

Postal de invierno para pasar el verano

Larsen y yo nos vestimos en la misma pullovería!

jueves 29 de enero de 2009

Perros de playa


Pescador


lunes 5 de enero de 2009

Para que no parezca un accidente

Hace unos años, una mujer conocida de mi madre apareció colgada en un galponcito en el fondo de la casa que compartía con su esposo. Cuando me pasó el parte de difuntos de esos meses (un tema obligado cada vez que la visito) me contó con tristeza ese episodio. Y enseguida me dijo que ella creía que el marido la había matado armando una escena de suicidio. Parece que todo el mundo sabía que él la golpeaba. Le dije que de haber sido un crimen, la policía, a quien hay que acudir inevitablemente en estos casos, debería haberlo advertido. Mi madre me miró y sonrió como diciendo: la policía? En el fondo mi comentario no era sino una manera de consolarla por la muerte de esa mujer que ella conocía y apreciaba aunque no hubiesen sido amigas. Absurdo. Si el marido no había puesto la soga alrededor de su cuello, sí se había encargado durante años de maltratos y humillaciones de conducirla a esa única salida. En cualquier caso las sospechas de mi madre eran ciertas: el marido la había asesinado.

Ayer apareció esta nota de Mariana Carbajal en Página 12 que me recordó inmediatamente aquella conversación con mi mamá. Recomiendo leerla (click).

El femicidio es la expresión extrema de la violencia de género.

miércoles 31 de diciembre de 2008

dosmilnueve


Que sea un año hermoso. Salud!

martes 30 de diciembre de 2008

En la librería Chelén (Mercedes)



Sebastián Pandolfelli, Alberto Brunetti, Walter Perruolo, Julián López, Andrés Monferrand, Octavio Fiorelli, Juan Ferrandís y Juan Guinot.

Julián López


Sebastián Pandolfelli


Juan Guinot


martes 23 de diciembre de 2008

Y vos qué leíste?/Página 12

BALANCE DEL AÑO EN NARRATIVA, POESIA Y ENSAYO
Celebración de la diversidad y la edición independiente
Un relevamiento hecho entre escritores argentinos da cuenta de una producción heterogénea y del despliegue de un amplio arco estilísitico. Entre otros autores, fueron reconocidos Arnaldo Calveyra, Hebe Uhart, Daniel Guebel, Carlos Gamerro y Fogwill. (Click!)

viernes 19 de diciembre de 2008

Merceditas

Mañana voy a leer en Mercedes con algunos de mis amigos y otros escritores que todavía no conozco. Me entusiasma salir de la ciudad, ir a sitios donde su puede fumar en lugares públicos y la cerveza se vende fría, masticable. Me gusta vivir acá, pero a veces me gustaría estar en otra parte, donde el río esté más cerca y las ranas fritas no sean un plato gourmet sino un tentempié, un ingrediente hasta que llegan los pescados.
Nos invitó Juan Guinot, amigo, escritor y mercedino -el orden de los epítetos no altera el producto-; Juan es uno de los escritores de mi generación que más admiro por su imaginación desmesurada y su desmesurada capacidad de trabajo.
En Mercedes hay una pulpería que sigue en pie desde los tiempos de Rosas. La única vez que fui había una invasión de cascarudos. Hay una silla que está maldita. Quien se sienta en ella, desoyendo los consejos del pulpero, atrae sobre sí la desgracia.

jueves 18 de diciembre de 2008

Lectura en Mercedes

El sábado 20 a las 19.30 leemos en la librería Chelén de Mercedes.
&
Juan Guinot/Sebastián Pandolfelli/
Julián López/Selva Almada
+ escritores invitados
&
Más info click aquí.

jueves 4 de diciembre de 2008

Din don dan

Sara Gallardo tiene una novela que no leí pero me encanta el título: Los galgos, los galgos… me hace pensar en las carreras de perros corriendo atrás de una liebre mecánica. Me encantaría escribir una novela que se llame Los tilos, los tilos. Aunque no puedan moverse de su sitio son tan elegantes como los galgos. Clara Muschietti tiene unos hermosos poemas sobre galgos. Si tuviera un perro, sería un galgo. Un animal fino y delicado como un gato, pero perro. Lo más parecido a un gato, pero en perro.
El Carlos Carruega ganó el Gordo de Navidad cuando yo tenía 8 años. Un entero. Un montón de plata. Renunció a su trabajo en Obras Sanitarias y así mi padre tuvo un empleo estable. Cuando supimos que el Carlos Carruega ganó la lotería mi madre le dijo a mi padre que fuera a anotarse para tomar su puesto. Estaba claro que el Carlos renunciaría apenas se levantara de la resaca del festejo.
Hasta el Gordo de Navidad criaba galgos y los hacía competir en carreras de perros. Rico, compró caballos y empezó a construir una casa en el filo de una cuchilla. Una casa que, terminada, habría sido hermosa, a 200 metros de las viejas vías del ferrocarril. Cerca de los bretes que habían quedado en pie de la época en que funcionaba el tren; un sitio al que llamábamos Los Bretes y adonde íbamos los domingos que mi madre tenía libres a tomar mate y andar en bici. Un sitio plagado de espinillos, tan dulce y narcótico cuando estaban en flor. Desde nuestra repentina buena suerte (mi padre al fin tenía un trabajo estable y le pagaban un salario por hijos y mujer) veíamos la casa en construcción del Carlos Carruega, detenida en el tiempo, el esqueleto de una mansión. Lo conocíamos de pobre y siendo nuevo rico alguna vez subimos hasta su casa en construcción. Su esposa nos condujo por las habitaciones sin terminar. Sería alguna vez la casa más hermosa que hubiéramos pisado. Donde había piso de tierra habría gruesas alfombras; sobre las paredes todavía de ladrillo pelado, revocadas, cuadros lindísimos y adornitos, todo muy fino. Los muebles estaban la mayoría con sus fundas de nylon. Sería una casa hermosa alguna vez. Los galgos escarbaban el piso enterrando los huesos que el dueño pudiente les compraba ahora que podía. Pero ya no le importaban los galgos al Carlos ahora que podía tener caballos y correr carreras de verdad. Los animales andaban por la casa en ciernes comportándose como mascotas tontas, perdiendo la silueta y la agilidad.
Compró varios caballos y apostó un montón por los propios y por los ajenos.
A la navidad siguiente, el Carlos Carruega estaba más pobre que un muerto. El esqueleto de su mansión quedó levantado sobre la cuchilla, una promesa en vano, perfumada por los espinillos en flor, al costado de las vías muertas. Mi padre llegó a casa con la caja con pan dulce y sidra que le dieron en el sindicato de Obras Sanitarias.

domingo 30 de noviembre de 2008

Presentación

www.choripanvirtual.blogspot.com

viernes 21 de noviembre de 2008

Poesía en Fedro

Cierre anual del Ciclo de Poesía en Fedro
Poetas invitados
Alberto Szpunberg/Paula Jiménez/Carlos Juárez Aldazábal/Selva Almada
Jueves 27 de noviembre a las 20 hs.

Carlos Calvo 578
Coordinan:Florencia Walfisch/Ana Lafferranderie


www.fedrosantelmo.com.ar

sábado 8 de noviembre de 2008

Diario Crítica/8 de noviembre


lunes 27 de octubre de 2008

En librerías

Pablo Alí/Selva Almada/Juan Diego Incardona/Alejandra Zina/Ariel Magnus/Julián Urman/Maximiliano Matayoshi/María Sol Porta/Leandro Custo/María Molteno/María Fasce/Lucía Marroquín/Mariela Ghenadenik/Alejandro Parisi/Agustina Arias/Germán Maggiori/Celia Dosio/Hernán Arias/Romina Doval/Juan Terranova/Diego Grillo Truba
[De puntín/Cuentos 4/Editorial Sudamericana]


jueves 23 de octubre de 2008

Borrador


jueves 16 de octubre de 2008

Increíble

Vengo de leer el libro Increíble de Mariano Blatt que editó hace poco la editorial de la revista El niño Stanton. No puedo decir nada que esté a la altura de esta cosa bella que es la poesía de Mariano, un poeta adorable, él mismo un pibe de oro. Pero puedo transcribir uno de sus poemas.
"¡Qué tranquilo que amanece el Pibe de Oro cuando está de vacaciones! Si hasta la mañana es mucho más fresca con él saliendo de la casa en short de fútbol todo blanco y ojos achinados de sueño. Supongo el olor que debe tener en la piel, abajo del brazo, entre las piernas. Todo sueño. Viene el sol y le da una piel que es una belleza verla, olerla de lejos y, cuando se deja, de cerca. Viene el sol y se encuentra en el camino con el Pibe de Oro y ahí lo moldea, lo pinta, le da ese color y ese olor y le da los ojos achinados del sueño, la primera sonrisa del día cuando me ve tirado más allá mirándolo. Tiene los dientes sucios pero para mí que no se los lave, ni entre las piernas ni abajo del brazo. Vayamos directo a la playa, le digo, y en la orilla se saca el short y entra desnudo al mar pero dándome la espalda. Es una cosa maravillosa. Es el Pibe de Oro a la mañana y yo sentado en la arena seca."

sábado 4 de octubre de 2008

Esta noche en San Telmo

Hoy leemos
Alejandra Zina
Julián López
Selva Almada
Sábado 4 de octubre, 22.00
Bar Plasma [Piedras 1858]
Entrada gratis

jueves 25 de septiembre de 2008

Mica expone

La infancia es el lugar del desamparo. No importa si un niño tiene padres o no, si son mejores o peores: un niño siempre está solo contra el mundo. Transitar la infancia y llegar vivo para contarlo es una pequeña gesta heroica que la mayoría de nosotros pretende olvidar, esconder bajo postales felices de juegos, días de playa y fiestas de cumpleaños. Como grandes zonzos ahogamos en los pozos de agua de la memoria al niño valiente y heroico que fuimos. Transformamos en anécdotas graciosas las arbitrariedades de nuestros padres y maestros, festejamos como “ocurrencias” sus injusticias y terminamos creyendo que el niño que fuimos se lo merecía. Ahora que somos adultos estamos del lado de los adultos, qué traidores!
Orejas de conejo, la preciosa serie de Mica Hernández, se pone, felizmente, del lado de los niños.
Una nena en un dos ambientes porteño en la década del 80 escribe: el mejor juego para cuando se está solo: dibujar. Una mujer, veinte años después, retoma los dibujos de infancia, no le esquiva el bulto a los sitios incómodos de su pasado-niño, interviene, actualiza, pone en marcha los engranajes de su propia memoria y elige compartirla con nosotros. Rescata, justicieramente, a la niña heroína que fue.
[Selva Almada, Septiembre 2008]

miércoles 20 de agosto de 2008

Revista Quimera, Núm. 296/7, Barcelona





Una chica de provincia, de Selva Almada.
Gárgola ediciones, Buenos Aires, 2007.


Por Jimena Néspolo

Selva Almada (Entre Ríos, 1973) encuentra su voz en el relato de la infancia en tierras de provincia –infancia asumida como valor y como enigma–, y desde esa piedra de toque singular anuncia su promesa. El volumen se organiza en tres secciones, dos nouvelles (“Niños” y “Chicas lindas”) y un apartado final (“En familia”) que agrupa siete relatos breves muy logrados planteados a modo de variaciones sobre un mismo enigma familiar, el relato de un suicidio. Si bien el volumen insinúa las lecturas iniciáticas de Mark Twain, Verne, Salgari y Louise M.Alcott, el realismo demorado de esta prosa que indaga el enigma de la muerte reinventa nuevos afluentes para esa “zona-Saer” de la literatura argentina de entre siglos. Selva Almada es –según se presenta en la contratapa del libro– de una provincia donde se han librado batallas históricas, donde su accidente geográfico característico son las cuchillas. La vida y la literatura dirán qué hace Almada con tamaña herencia.

miércoles 30 de julio de 2008

Nuevo ciclo

Naranjas azules
lectura + música
Selva Almada/Matías Laje/Juan Guinot
Músicos invitados
Domingo 3 de agosto/21.30/Boedo 830
Organiza Paf productora cultural
$6

lunes 28 de julio de 2008

Batracios

Una rana casi transparente se posa en el vidrio de la ventana de la cocina en la casa de mi madre.
Viene todos los días, dice ella, a comer bichitos.
¿Cómo sabés que es la misma?, le digo.
Es, me asegura.
La rana, una miniatura siliconada, se queda adherida al vidrio.
No sé cuánto tiempo vive una rana.
En el patio hace años que mi madre dice que tiene un sapo cururú. Lo trajo de cachorro, no era más grande que una piedra pequeña. Lo soltó entre las plantas. Nadie más que ella lo ha visto nunca. Ella y los gatos, dice que los gatos se tropiezan con el cururú dos por tres, erizan el lomo el sapo y los gatos y agarra cada uno para su lado.
No quiero que me cuentes nada de ese sapo, le digo cada verano.
Pero si es buenito, me dice mamá, fijate vos que desde que está acá no hay mosquitos.

miércoles 16 de julio de 2008

Chicas leyendo

Samanta Schewblin/Laura Yasam/Selva Almada
Martes 22 de julio, 19.30
Espacio Y [Laprida 1963, PB "B"]
Entrada gratis

martes 24 de junio de 2008

Tan real

Noche de realismos en Alejandría
Gustavo Ferreyra/Oliverio Cohelo/Selva Almada
Edgardo Scott/Yair Magrino
Martes 1 de julio, 20.30
Bartolomé Mitre 1525

jueves 12 de junio de 2008

Las 10 preguntas


martes 3 de junio de 2008

Acompañamiento de lujo


Pusieron la música Alche y Pandolfelli
Puso el ojo detrás de la cámara Mica Hernández
Miércoles 28 de mayo/Ciclo Los mudos


lunes 2 de junio de 2008

De colada!

Recomiendo calurosamente el libro de Hernán y la nota! (Y pego el recuadro dónde aparezco de colada.)
Diario Crítica/Lunes 2 de junio
Crítica de libros
"Prosa del cedido por el oro", de Hernán Lucas
Por Laura Pratto
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"El universo familiar y su campo gravitatorio, cuyas fuerzas nunca terminan de descifrarse, aparece como inquietud en varios poetas contemporáneos. Es posible citar, como ejemplo, la producción de la chaqueña Claudia Masin, quien en 2007 publicó el texto poético El secreto dentro de la antología homónima que recopilaba su obra. En ese volumen puede advertirse el minucioso escrutinio que hace la autora a través de las voces femeninas originarias de su familia.
El cordobés Luciano Lamberti, en su libro Sueños de siesta y numerosos poemas inéditos, también se sirve de la dinámica velada o evidente de las filiaciones como materia prima para un álbum vernáculo de estampas difusas.
Una chica de provincia, la obra de la entrerriana Selva Almada, ofrece pasajes donde la escritora sondea y entrecruza familia y muerte, y el lector queda perplejo, igual que ante una fotografía en la que cabe sospechar que cada sonrisa podría tratarse –como sostenía la escritora norteamericana Susan Sontag– tan sólo de una complacencia primordial ante la cámara fotográfica."

sábado 31 de mayo de 2008

Revista Ñ/Sábado 24 de mayo

Yo recomiendo
Por Leonardo Oyola

En "Una chica de provincia" (Gárgola, Colección Laura Palmer no ha muerto, 2007), la escritora Selva Almada es tan hábil y encantadora como ese abuelo narrador de historias que aparece en su libro. El piropo pasa por compararla con el Sam Shepard de "Crónicas de motel" y el Wim Wenders de la película "París,Texas", que hurgan en el desierto corazón de un adulto para volver una y otra vez sobre los mismos parajes y lo que fuimos. La autora - de lo que para la mayoría es la nada y lo que ya fue- hizo con sus "Niños", "Chicas lindas" y "En familia" algo en verdad inolvidable.

jueves 22 de mayo de 2008

Convite


jueves 15 de mayo de 2008

Pez

Salta un pez plateado suspende el aire detiene el paisaje un momento suficiente para traerme otro lo ha atrapado mi padre en un arroyo lo limpia mi madre sobre el pasto del fondo de mi casa vuelan las escamas impulsadas por la hoja del cuchillo se pierden entre la gramilla láminas tornasol escondidas en las hebras verdes al día siguiente a la semana siguiente cuando les dé el sol y yo acierte a pasar por allí distraída como andaba siempre escondiéndome como andaba siempre tratando de pasar desapercibida como todavía ando pasaré por allí mejor dicho pasé por allí las ojuelas de plata perdidas en el pasto guiñan como bichitos de luz en pleno día como ojitos sin dueño me recuerdan el lomo del pez que adornaron que comimos hace varios almuerzos menos la cabeza que fue a parar con sus ojos secos a las tripas del perro.
Salta un pez plateado me gustaría ahora mismo estar de cara al río mientras salta el pez plateado cualquiera uno otro parecido a ese que pescó mi padre un día qué buena suerte alzarse con un pescado así de grande y gordo y brillante qué buena suerte qué bendición por una vez las idas a pescar de mi padre tienen un argumento un trofeo que traer a casa una hermosa pieza vó que decí que nomá vamo a chupar, tomá suerte de borracho o será al fin y al cabo mi padre un pescador de verdad que sólo bebe para olvidar la frustración de los peces que se escurren en el agua?

jueves 8 de mayo de 2008

Una chica en la Rolling


Revista Rolling Stone/Mayo 2008
La voz del interior
Relatos de iniciación y muerte en un pueblo entrerriano
Por Pablo Plotkin
Al igual que Annie Proulx en sus Historias de Wyoming (las que incluyen el cuento "Brokeback Mountain"), Selva Almada (Entre Ríos, 1973) reinventa el imaginario rural de un país, o más bien uno de sus posibles interiores. Proulx se mudó de grande al Medio Oeste norteamericano para toparse con esas historias desoladas de vaqueros, amor y violencia. Almada, en cambio, tuvo que abandonar el pago para definirse, ya en Capital, como "una escritora de provincia". Así, la fauna y la mitología de su pueblo, situado en la zona de Colón, aparecen recreadas por una autora dotada de una potencia y una sensibilidad poco frecuentes.
Dividido en tres partes, el libro comienza con "Niños", una serie de relatos que revisa los miedos y las fantasías de la infancia, la relación de la narradora con su compinche Niño Valor y el fin de la inocencia. La muerte ronda a cada paso, desde las primeras imágenes de un velorio pueblerino ("Una tensión erótica atravesaba el aire como ocurre siempre en la desgracia. Las tetas caídas y estriadas de las vecinas, de golpe, parecían llenar los corpiños. Se endurecían los traseros como botones de rosa. Goteaban mieles de camatí los muslos") hasta el accidente fatal de un motociclista cautivante (un easy rider del Litoral) y el sacrificio colectivo de Peludo, un chancho adorado por los nenes que protagonizan el relato. El capítulo dedicado a la matanza es memorable. Almada mezcla en el mismo escenario una especie de tratado ontológico sobre el carácter e influjo social de las flores con descripciones letales del desguace del cerdo. Una escena tan bella y triste que dan ganas de sacarle el jamón al sánguche, aunque aquí no parece subyacer un manifiesto vegetariano sino una reflexión poética sobre las diferentes e imprevisibles formas que pueden adquirir la vida y la muerte.
La segunda miniserie, "Chicas lindas", enfoca los días de pubertad, la fascinación frente a las pibas mayores que se lavan el pelo con agua de lluvia antes de salir de levante y las iniciáticas experiencias frente al sexo y la muerte temprana. La muerte en la ruta de una chiquita, por ejemplo, y la crónica seca y perturbadora de una estudiante que aparece asesinada en su habitación luego de ir a bailar. Ese capítulo se recorta como una pieza periodística ejemplar y es un cierre tremendo para la sección media del volumen, previa a su tercera y última parte, "En familia", en el que se narra el suicidio de un personaje evanescente (Denis) desde perspectivas distintas, con un manejo poco convencional del misterio y la exhibición de los secretos negros que suelen quedar en familia.

jueves 1 de mayo de 2008

Revista No Retornable/Abril 2008

Atormentarse a partir de los recuerdos
Por Fernando Lozano
Laura Palmer y una vida casi ejemplar. La vieja Colección Robin Hood de tapas duras y las lecturas de infancia-juventud. Nadia Elena Comaneci y el deseo de un comunismo fuerte y competitivo. Luis Pedro Raota y sus fotos. Viejos, jóvenes, niños. Hombres, mujeres. Todo muere. Todos mueren. O eso parece.
Una chica de provincia de Selva Almada -Gárgola, 2007- está incluida en la colección que la editorial tituló Laura Palmer no ha muerto. La protagonista de la serie Twin Peaks, de David Lynch y Mark Frost, no ha muerto. A pesar de que se vea su cuerpo tirado junto a la orilla del lago en el primer capítulo, a pesar de haber sido asesinada brutalmente, no ha muerto. Desde esta primera negación vemos un reflejo, un guiño hacia la narración de la entrerriana. ¿Por qué?

miércoles 30 de abril de 2008

Poesía entrerriana

Con prólogo y selección a cargo de Marcelo Leites acaba de aparecer en internet esta Antología que reúne a algunos poetas de Entre Ríos.
Dice Leites en su prólogo:
"Los poetas seleccionados responden a los imperativos de la época. Quiero decir, todos se ajustan al verso libre, de métrica variable o amétrico y al ritmo propio del que escribe; al habla cotidiana y al entorno. El país y la ciudad de origen no deberían impedirnos advertir que así como hay escritores demarcados geográficamente, hay otros que resulta difícil asociarlos con un lugar determinado, ya que las formas y los temas de sus poéticas exceden los rasgos particulares.
No hace falta enfatizar la pertenencia como si fuera una bandera; las raíces son tan insoslayables como la luz y los ríos que nos atraviesan. Por lo demás estos parámetros no son fijos; hay movimientos estéticos en consonancia con los desplazamientos del escritor. El espacio urbano se mixtura con el espacio natural y, a veces, se contaminan entre sí. Un escritor que vive en la provincia no escribe igual que otro que vive afuera; el imaginario probablemente siga siendo el mismo, pero las formas cambian. Tres de los poetas seleccionados escribieron su obra fuera de la provincia y ejemplifican lo que vengo diciendo. Durand, Ríos y Almada han creado espacios de circulación para sus textos y los de muchos otros autores (a través de las editoriales Ediciones del Diego, Interzona, Carne argentina) y han recibido una atención más o menos considerable de la crítica y de otros escritores, lo que les ha permitido recitar sus poemas en lugares diversos y publicarlos en diferentes formatos. No obstante este reconocimiento ocurre especialmente en la gran urbe; mientras que en la provincia estas voces no ingresan dentro del canon de lo legible, por lo tanto quedan tan afuera como Zelarrayán o como lo estuvo el primer Calveyra. "

martes 22 de abril de 2008

Pompeya (borradores)

No en mi moleskine... es tan linda que no me animo a embarrarla con mi letra.
Hace un par de meses estoy trabajando con María José Algueró; el proyecto es escribir una suerte de novela acerca de su madre, una mujer impactante que se llamaba Vicenta y odiaba su nombre así que todos le decían Cuca. En uno de nuestros últimos encuentros (María José vive en un atelier, en Palermo, con un gato precioso; su casa es tan diminuta como ella y, como ella, está repleta de cosas), me mostró una de las fotos más hermosas y extrañas que vi en la vida: Cuca, joven y bellísima, altísima, flaquísima, con el pelo larguísimo, está sentada en el patio, tiene puesto un vestido de verano y está fumando, sonriendo; detrás de ella, dos hombres o tres, también posan y sonríen, son empleados de la curtiembre, empleados suyos; y a los pies de Cuca tendido (¿rendido?) un enorme león! Está muerto, claro, pero eso en la foto no se nota, tiene los ojos abiertos y amarillos. Que esté muerto es una circunstancia nada más. Porque en ese patio, Cuca bien podría haber tenido un león y andá a decirle algo.
De estas primeras charlas surge el relato que va más abajo... más que relato diría apunte, intento por aflojar la muñeca o, mejor, entrenamiento... voy a tener que entrenar duro para poder atrapar a Cuca y que no me coma el león.

Marta
Una tarde de sábado, de primavera, de mucho sol Marta me bañaba en el patio. A Marta le gustaba bañarme y Mamá la dejaba. Cuando hacía frío colocaba el fuentón en la cocina y dejaba las hornallas encendidas. Cuando estaba templado, como aquella vez, y además era fin de semana y la curtiembre estaba cerrada, lo sacaba afuera y lo llenaba de agua tibia. Me bañaba en ese improvisado baño, enorme, con el cielo como techo; rodeada de macetas y los perros de mi casa que metían el hocico para tomar el agua jabonosa y me hacían cosquillas con la lengua.
Marta era una mujer muy pulcra. Me frotaba con la esponja una y otra vez.
-Me la vas a gastar de tanto fregarla.- Decía Mamá.
-Basta, Marta, que me hacés doler.- Me quejaba yo viéndome los bracitos enrojecidos. (Ver relato completo.)

domingo 20 de abril de 2008

Mi Moleskine


miércoles 2 de abril de 2008

Revista Los asesinos tímidos/Número 11

Entre nos
Crítica

Una chica de provincia por Marina Arias

Desde tiempos inmemoriales "bello", "ágil" y "reflexivo" han sido tres calificativos difícilmente pasibles de ser asigandos simultáneamente a un mismo texto literario. Lo retóricamente disfrutable no suele ser prolífico en nudos narrativos, así como las historias atrapantes por lo general no invitan a demasiada introspección. Una chica de provincia -los relatos reunidos de Selva Almada sobre su infancia en Entre Ríos- es una feliz excepción a esa regla: es imposible no leerlo de un tirón así como es imposible no detenerse a paladear descripciones como "cubiertos los escotes con la mantilla azul de las glicinas. Oculto el pellejo de los cogotes tras las varitas de retama florecida. Sucias las faldas de hojas y espinas y cabos y pétalos sueltos; el olor de los sobacos mezclado al de las flores y el incienso" o "aquel había sido un verano sin lluvia y las paladas de tierra cayeron sobre el ataúd como si lo estuviesen apedreando". Al mismo tiempo, la pluma de Selva Almada, como una suerte de magadalena proustiana, nos echa en cara algo de la sabiduría infantil perdida en el camino: "la muerte de un hombre parecía no cambiar nada, sin embargo la muerte de un perro lo cambiaba todo"; "el mundo de los adultos nos interesaba poco y nada, a lo sumo nos provocaba una cierta curiosidad de entomólogo (...) los queríamos, pero había una suerte de compasión en nuestro afecto".
Pero como los grandes escritores y a través de una lograda narradora en primera persona, la autora se anima a reflexiones que una vez enunciadas se presentizan como verdades íntimamente ya sabidas: "en la mitad de mi infancia aprendí lo pequeño y tedioso que era el universo de las niñas" o "hay una época, en ese período de tiempo entre los once y los trece años, en que la amistad entre chicas es algo especial. Tiene poco y nada de fraterno y se parece bastante más al amor".
Niños, Chicas lindas y En familia son los títulos de los libros de relatos agrupados en Una chica de provincia. El primero cuenta la infancia compartida con su primo hermano, Niño Valor, quien "era el único amigo que tenía en el mundo". Pero también cuenta de la Abuela, a quien la dureza de la vida ha llevado a ver sólo un chancho en Peludo, la mascota de los chicos inevitablemente carneada una mañana de verano. Y de la madre, quien dice preferir asistir a los velorios a la medianoche porque "es un momento íntimo, donde la muerte se despoja de exageraciones y se torna genuina, natural. Algo que le está pasando a otro, es cierto, pero que tarde o temprano nos va a suceder". Y del padre quien "trabajaba en Obras Sanitarias desde que el Carlos Carruega ganó el gordo de navidad y dejó el puesto, y lo más cerca del cielo que podía llevarme era sobre sus hombros".
En un tono algo más puigiano y bastante más desolador, Chicas lindas da cuenta de la pubertad de la narradora, esa época en que convertirse en mujer de una vez por todas es un hito anhelado.
Narrado tanto en primera como en tercera persona, En familia resulta el relato menos autobiográfico. Quizá por eso en una primera lectura puede parecer el más "literario" de los tres. Pero el mayor talento de Selva Almada está en tornar invisible el trabajo de escritura para hacernos sentir que las descripciones hermosas, las lúcidas observaciones y las historias atractivas surgen de su memoria y llegan a la nuestra sin mediaciones. LAT

domingo 30 de marzo de 2008

Diario Perfil/Domingo 30 de marzo

Las voces de un nuevo territorio
Por Juan F. García
Poetas argentinas (1961-1980)
Compiladora Andi Nachon
Ediciones del Dock
Para un país que genera incansablemente poetas-editores, parece extraño que no haya suficientes antologías literarias que exploren otras posibilidades de leer la producción nacional. Las antologías de poesía, en verdad, brillan por su ausencia. Cuando en 2006, Irene Gruss presentó Poetas argentinas (1940-1960), la sensación fue que se venía a llenar un hueco, el mismo que se completa con el volumen que Andi Nachon (Buenos Aires, 1970) preparó continuando aquélla, de poetas nacidas entre 1961-1980.
El canon literario argentino (periodismo cultural y universitario aunados) es eminentemente masculino, con especial atención en la narrativa. El campo está compuesto por cantidad de poetas mujeres que por años fueron desplazadas por nombres de varones. Hasta los años 60 los nombres de mujeres aún son contables con pocos dedos. En los primeros 80 el reencuentro de la dispersión post dictadura nutrió las formas de leer la realidad, de contar la experiencia desde una mirada política, que en muchos casos abrevaba en el feminismo, y en las escrituras que habían empezado a gestarse en el primer lustro de 1970. Es así que el canon poético, nunca reductible, se llenó de nombres que hoy son ineludibles en la poesía contemporánea. Aun a pesar del centralismo porteño, aquí vinieron las voces que también traían el rumor de otros paisajes, otraslecturas, otras vivencias. Y es éste, quizá, un trazo grueso donde puede leerse en contexto una antología que sólo integran mujeres.
Un lugar común: toda antología es una elección arbitraria. Lo que se evidencia en Poetas argentinas (1961-1980) es una lectura generacional y estética. Una convivencia de 53 voces que, con sus diferencias más notables, arman el coro de lo que se produce en el país. Poetas que vienen interrogando al lenguaje, construyendo lo que por ahora es imposible aventurar pero que se está gestando. Han confirmado su lugar con obras precisas de lo que son muestra los poemas seleccionados: Gabriela Saccone, Beatriz Vignoli, Sonia Scarabelli, Laura Wittner, Bárbaro Belloc, Macky Corbalán, Claudia Masin, Paula Jiménez (todas ellas nacidas entre 1961 y 1972). Empiezan, podríamos arriesgar, a afianzar sus poéticas. De entre las que aún están elaborando una pregunta mayor (que incluye forma y contenido, claro está) se destacan los poemas de Verónica Viola Fischer, Florencia Walfisch, Selva Almada, Alejandra Baldovin, Carolina Esses, María Celina Galera. De entre las nuevas, el riesgo formal se evidencia en la tucumana Sylvia Basch; también se destaca Lola Arias, Florencia Castellano, Eliana Navarro, María Julia Magistratti, Clara Muschietti y Eugenia Segura. Y un bonus track: Juana Luján, Mariana Suozzo y Paula Soruco, que no ingresan en la cronología elegida, pero que por calidad de sus producciones bien merecen estar. Una extensión de la mirada sobre el futuro. La poesía de lo porvenir.
Una lectura atenta y desprejuiciada en dos vías: la primera, la individuación de cada poeta; sus días y sus diálogos con la cultura; las herencias visibles o posibles. Armar un mapa donde las voces de un vasto territorio puedan estar mínimamente representadas. (Les compete a las instituciones oficiales sostener un arduo trabajo de edición del gran mapa poético argentino, donde no valgan olvidos, tachaduras ni intereses personales.) He ahí donde comienza la segunda vía de lectura: el lugar de editor y antóloga. En Ediciones del Dock conviven las generaciones y es por eso que estas antologías encuentran su lugar de pertenencia. Andi Nachon ha editado casi una decena de libros, y ha sido antologada en las mejores muestras de poetas contemporáneos latinoamericanos. En el prólogo a la presente edición, justifica las faltas saldadas por las estéticas que tendrían su "voz" en el conjunto. La cronología como orden, descartando las nociones de agrupamientos posibles en "album familiar, jardines de las delicias, cotillón y purpurina, desmesuras, para verte mejor o sitios...".
Todos los sellos de poesía (que desde los 90 vienen siendo el trampolín para la circulación de buena parte de los y las poetas locales) están representados. Desde las editoriales de distribución nacional hasta los proyectos que quedaron en el camino, la hoja suelta, el pequeño tamaño, el bordado, la lata y el CD.
Poetas argentinas (1961-1980) es la primera en su tipo. Como toda antología, cada entrada es un recorte que, según la preferencia, nos interpelará para seguir leyendo.
"Ejercicio de atención y humildad, en trayecto alerta más a las resonancias diversas que a las líneas de pertenencia", puntualiza Nachon; y también, podríamos afirmar con Sonia Scarabelli: "continua, cambiante forma/ tan amorosamente empecinada/ en mecernos bajo la luz/ hacia el batiente y hondo/ corazón del misterio".

miércoles 26 de marzo de 2008

Tigre suelto

Has recorrido un largo camino, muchacho!

Mañana gran presentación gran
Gólgota
la nueva novela de Oyola
Casa del Libro [Madrid]

domingo 16 de marzo de 2008

Poetas argentinas 1961-1980 [presentación]


Martes 25 de marzo, 19.30
Casa del Escritor [Lavalleja 924]
Leen: Gabriela De Cicco/Macky Corbalán/Laura Forchetti/Eliana Navarro/Irene Ocampo/Sonia Scarabelli

lunes 3 de marzo de 2008

Página 12/Lunes 3 de marzo

Literatura/Entrevista a la escritora Selva Almada
Por Silvina Friera

Color local, con tonos oscuros

En su reciente libro de relatos Una chica de provincia, la autora bucea en su infancia y adolescencia en Entre Ríos, para contar historias atravesadas por la muerte. Almada dice que necesitó venir a vivir a Buenos Aires para escribir sobre su tierra. (Leer nota completa)

sábado 1 de marzo de 2008

Fshishshsh

A veces siento un silbido en el pecho como si mi caja torácica fuese mi casa de infancia, sin terminar, con techo de zinc, y tuviese otra vez ocho años y escuchase el viento del sur colándose entre las chapas flojas, metiéndose en el dormitorio sin cielorraso. Me tapaba hasta la cabeza con las mantas porque me daba miedo el paso de fantasma del viento dando vueltas en la pieza, una mariposa nocturna esparciendo su veneno de escarcha sobre mí y mis inocentes hermanos que, en el séptimo sueño, dormían con la cara y las fosas nasales descubiertas. Me dormía pensando que al día siguiente los encontraría muertos, con los labios azules y las pestañas mojadas.
En la mañana, el sol brillaba en lo alto del cielo invernal y si encontraba sus camitas vacías creía que mi madre había retirado sus cuerpos para que a mí, ahora su única hija viva, no me matase la impresión.

miércoles 27 de febrero de 2008

Una chica en el sur

Librería en Neuquén

lunes 25 de febrero de 2008

El del medio

Estaba despidiendo al chofer del camión jaula que había venido a llevarse una carga de pollos cuando la vio a su mujer hablando con Tonio, su hermano menor.
Verónica tenía a la criatura encajada en la cadera, la musculosa y el shorcito le dejaban medio cuerpo al aire. Habría llegado mientras él estaba en los galpones cazando pollos. ¿Ya se le habría pasado la bronca? Ayer los dos habían peleado y ella había agarrado el nene y la camioneta y se había mandado a mudar a lo de su madre. Cuando pasó a su lado le gritó que no pensaba ir a buscarla de nuevo y otras cuantas cosas que el ruido del motor le habrá impedido escuchar. Por suerte, porque se arrepintió enseguida. Él a Vero la quiere, pero ella lo saca de las casillas dos por tres. (Leer relato completo)

jueves 21 de febrero de 2008

Anoche salí

A pesar de ser miércoles y de la canícula nocturna me fui al Pachamama donde Funes invitaba a un 3x3: 3 poetas chilenos/3 narradoras argentinas y cierre musical con Millán/Pandolfelli.
De las lecturas (llegué tarde para escuchar las dos primeras) me gustó el relato de Sonia Budassi: una niña, el campo, una vaca muerta y una tragedia familiar: compro!
La performance de la artista chilena Elizabeth Neira, muy ochentosa para mi gusto: la primera parte, un poema declamado a grito pelado (?); la segunda, Neira desnuda encimándose una docena de bombachas: me aburrí.
Millán/Pandolfelli como siempre: desaliñados, bizarros, maravillosos: mi dúo favorito.
En fin, me la pasé lo más de bien, me gané un dvd y hasta vi el eclipse.

jueves 14 de febrero de 2008

Diario Uno/Domingo 10 de febrero

"Una chica de esta provincia", por Horacio Lapunzina.

En La Isla de hoy presentamos el libro de la escritora villaelisense (residente en Buenos Aires) Selva Almada. Recientemente editado por una editorial capitalina, charlamos vía correo electrónico con la escritora y pudimos también ingresar a su poroso mundo de relatos a través de su blog. Pasen y vean.

martes 12 de febrero de 2008

Horrible




sábado 2 de febrero de 2008

Mal de muñecas a escena

Afiche del espectáculo de narración oral de Claudia Stella a partir de los poemas de Mal de muñecas, realizado en enero de 2005.

lunes 21 de enero de 2008

Mairal pregunta


Pedro Mairal me hizo una entrevista para el señor de abajo. Pasen y lean.

jueves 17 de enero de 2008

Paraná/Sábado 19






Primer Encuentro Paraná Poesía en Verano 2008
Los días sábados 19 y 26 de enero, 2 y 9 de febrero de 2008 desde las 21 hs . en el Centro Cultural Gloria Montoya

Sábado 19 de enero
Daniel Durand, José Villa, Darío Rojo, Juan Desiderio, Guillermo Neo, Selva Almada, Manuel Alemián, Laura Crespi, Francisco Garamona, Damián Ríos, Gerardo Jorge, Julián Bejarano.

domingo 13 de enero de 2008

Diario Perfil/Domingo 13 de enero

Microrelato
El campeón, de Selva Almada

Correr en cueros, con las nalgas apretadas en la bombacha ipomea color chicle, descalza, el pelo largo, enredado, en la punta de un mechón, a punto de soltarse, la hebillita metálica, brillante como una mojarrita recién pescada. Correr con los antebrazos pegados a las costillas y las manos haciendo puñitos. Correr a todo lo que da. Contener la respiración para no sentir el aguijón de las rosetas clavándose en las plantas de los pies. Correr con las plantas de los pies llenas de rosetas como los clavos de las zapatillas de los corredores profesionales. Correr y mirar por sobre el hombro para ver si mi primo viene atrás, si no lo ha cazado la solapa o el largo brazo de la Abuela comisaria, atrapa-niños prófugos de la siesta. Viene, sí. Sigue en carrera el Andrés. Viene como un bólido, casi me pisa los talones. Viene rapidísimo, dispuesto a partirme al medio si no me corro, a sacarme de la pista con maniobras sucias de ser necesario, arrepentido de haberme dado esa pequeña ventaja que ahora podría costarle el podio.
Ya habíamos atravesado el jardín y saltado limpiamente el tejido que separa el terreno de la Abuela de los baldíos circundantes. Habíamos rodeado el antiguo cementerio, no por miedo a los viejos espectros si no a su geografía peligrosa: a las fosas vacías, disimuladas bajo el manto de campanillas azules donde más de un incauto había caído como en una trampa para osos; a los restos de cruces de hierro y escombros de ángeles que la lluvia y el viento sacaban de tanto en tanto a la superficie.
Correr a campo traviesa. Saltar las cunetas secas de ese verano crocante. Pasar volando sobre las bostas frescas de las vacas. Pasar con cuidado de no patear las bostas secas porque debajo viven los alacranes negros que no son venenosos, pero duele si te pican.
Correr sin freno sorteando los obstáculos. Los pulmones abiertos, tiernos como un ramillete de brócoli. Las aletas de la nariz temblando, entrando y sacando el aire caliente de enero. Las pestañas bajas como antiparras parando a los bichitos. La cabeza metida entre los hombros y para adelante, bien aerodinámicos.
La casa de la Abuela quedó atrás.
Adelante, cada vez más cerca, el tunal, macizo y alto como un árbol, marcando la llegada.
Poco antes de llegar, el Andrés pasa a mi lado como una saeta, velocísimo. Si yo no estuviese en esta carrera, levantaría los brazos para alentarlo. Vamos Andrés, el niño más rápido del prado! Vamos Andresito viejo y peludo! Vamos gurisito que usted puede! Así como vivamos a los caballos del tío Pacho los domingos que vamos al hipódromo.
Cuando por fin llego, él está a la sombra de las tunas, dando saltitos, con los brazos arriba, haciendo olas a sí mismo. El slip empapado de sudor adherido a su pequeña hombría de niño campeón. Me hace burla. Mantequita: ni con ventaja me podés ganar. Mantequita. Meona. Calenchu. Lo dejo que se burle y que celebre. Si me quedase aliento lo acompañaría en los pasitos de cumbia que hace, meneando su trasero chiquito.
Una vez más nos escapamos de la cárcel de la siesta. Nos queda una buena hora por delante para hartarnos con las frutas coloradas, jugosas de las tunas. Hacer planes. Le voy a decir que me gustaría un par de patines. Me va a contar otra vez de la bicicleta verde que vio en la vidriera de Scarazzini, con cintitas en el manubrio y un ojo de gato así de grande y así de rojo.

jueves 10 de enero de 2008

Lo último en el mercado editorial/Revista Ñ

miércoles 2 de enero de 2008

Buenas chicas malas

"Las chicas buenas van al cielo y las malas a todas partes." José María Marcos dice que.

jueves 27 de diciembre de 2007

Chicas lindas

Cuando Ricardo Romero me propuso editarlo, este libro estaba casi terminado: sólo me faltaba revisar la segunda parte, Chicas lindas. Entonces decidí incluir la crónica ficcionada La chica muerta, un poco en honor al título de la Colección Laura Palmer y otro poco en memoria de Andrea Danne, la adolescente asesinada que protagoniza mi relato.
Alguna vez espero volver sobre el tema con bastante más que los pocos datos que hoy recuerdo. El caso, plagado de misterio, empantanado en su momento por la impericia de la policía pueblerina y enseguida enterrado para siempre -probablemente con el aval de la misma policía-sigue impune.
Cuando unos pocos años más tarde el crimen de María Soledad ocupó la primera plana de los diarios, todos nos acordamos de Andrea.
Lamentablemente la violencia contra las mujeres es habitual en este país. Muchas veces termina en homicidio. Otras en desaparición, tal el caso de otra chica de mi provincia, María Fernanda Aguirre, secuestrada el 25 de julio de 2004.



viernes 21 de diciembre de 2007

Presentación

Laiseca



Pandolfelli/Alche/Millán


Los amigos





Lai dice que. Fragmentos de su texto de presentación.

"Decir que este libro está bien escrito es insultarlo. Tiene profundidad. La profundidad que da el genio y no el talento, cosa poco frecuente en literatura.
Hay una leyenda en poesía: que es de mal gusto interpretarla. Tal vez así sea, pero sólo desde que se perdió el interés por el color y la forma. ¿No podemos decir por qué es bello Venus y Adonis, de William Shakespeare? Sí, podemos. Porque es propio de la obra de buen arte que nos permita hablar bellamente sobre ella. Lo que tiene expresión nos permite expresarnos. Es el mal arte aquello de lo que no debería hablarse. Hoy estamos rodeados por gente misteriosa que se enfurece si uno le pregunta: "¿Qué quiso decir usted aquí?" Que me perdonen pero desconfío de los misterios chasco que suelen ocultar la cosa mal hecha. [...]
Sabemos que así como ciertas mujeres quedan completamente embarazadas, muchas personas excéntricas se mueren pá siempre. El libro empieza justo así: con un funeral. ¿Qué puede ser más estimulante que un hermoso cadáver? Buenos auspicios.
Niño Valor y la protagonista, que son dos chicos, se asoman para ver el interior del féretro: "... temerosos de que el menor movimiento fuese a derramar la muerte y nos salpicase los zapatos nuevos, los zoquetes blancos, las ropas de cumpleaños". Y en otro lado: "Nada excitaba tanto su generosidad de jardineras (habla de unas viejas arpías que por allí pululan) que un velorio en ciernes". "Una tensión erótica atravesaba el aire como ocurre siempre en la desgracia." "Al lado mío Niño Valor dormía con las ropas puestas. Nos vi en el espejo grande del ropero: en la cama doble parecíamos un matrimonio de enanos." "Y la muerte era esto."
¿Querrá decir Selva Almada que la muerte es un matrimonio de enanos? Me parece que sí y en ese caso tiene razón.
A la autora ya de chica le venía la vaina de hacer relaciones extrañas. [...]
Los niños, cuando son geniales, encuentran relaciones excéntricas entre las cosas. Esto es porque, sin saberlo, se están preparando para su genio del futuro. Esta misma obra, por ejemplo. Aquí hay belleza, contorno nítido y expresión vigorosa.
Selva Almada es una mujer. Pero una mujer militar. Niña Valor. Peleadora la chica. Con justa razón se ligó sus buenos chancletazos.
La autora tiene un lenguaje riquísimo, cosa que puede verificarse en la parte de las flores (pág. 64), o en la del tesoro (pág. 123 y 124). Una verdadera maravilla. Sin embargo a veces tiene giros pueblerinos, como parte del rescate. [...] Por supuesto no es la primera vez que un autor rescata modismos regionales. Lo notable y luminoso es que, a pesar de estar todo narrado en primera persona, convive el lenguaje cultísimo con el decir de los pueblos del interior. De lo uno se pasa a lo otro sin esfuerzo y sin solución de continuidad. [...]
Con Una chica de provincia estamos ante un libro fresco y maravilloso. La riqueza es tan variada, tan de suprema calidad, que a su autora dan ganas de decirle: "Selva, por favor escriba algo feo, para variar, porque en usted la belleza ya constituye plaga. Una especie de vicio". [...]
Que sea una provinciana vaya y pase. Pero lo que jamás le perdonaré a Selva Almada es que no sea de Camilo Aldao. Como yo."

miércoles 12 de diciembre de 2007

Invitación


lunes 10 de diciembre de 2007

Tapa [Mica Hernández]





jueves 6 de diciembre de 2007

Contratapa

Una provincia, en un país como el nuestro, es bastante más que la división geopolítica de un territorio. Es una cierta manera de entender el mundo y un lugar desde donde mirarlo.
Cuando vine a vivir a Buenos Aires empecé a darme cuenta de que soy una escritora de provincia. Acá comencé a escribir de allá. Y no arrastrada por la nostalgia si no, tal vez, asombrada por el universo tan particular que, por ser de allá, podía reescribir, ficcionalizar, refundar desde acá. Acá siempre es la literatura, vaya adonde vaya.
Una chica de provincia reúne tres libros de relatos que son mi trilogía de Entre Ríos. Los dos primeros –Niños y Chicas lindas- narran historias iniciáticas. Los primeros careos con la muerte: la curiosidad que provoca ver el primer cadáver de nuestras vidas; el dolor por la muerte de animales queridos; la muerte de otro niño como la revelación de una verdad espantosa: los chicos también pueden morirse; la crónica del asesinato impune de una adolescente pueblerina. El último –En familia- es el relato de un suicidio.
Supongo que no es casual que la muerte sea el gran tema de esta trilogía. Después de todo, en los ríos de mi provincia se ha lavado la sangre de batallas históricas. Tampoco ha de ser casualidad que su accidente geográfico característico sean las cuchillas.

martes 21 de agosto de 2007

Premio Juanele

La Biblioteca Alternativa Tilo Wenner y la Asociación de Teatro Metamorfosis, de la ciudad de Paraná, convocan a la primera edición del PREMIO INTERNACIONAL DE POESÍA «JUAN LAURENTINO ORTÍZ» para libros de poesía publicados.


BASES


1) Con el doble propósito de, por un lado, distinguir a la edición de libros de poesía en castellano y, por otro lado, incrementar el patrimonio bibliográfico de cinco bibliotecas de la provincia de Entre Ríos, en el mes de junio de 2009, se convoca a todos los escritores y editores interesados a participar del PREMIO INTERNACIONAL DE POESÍA «JUAN LAURENTINO ORTÍZ». El presente premio, cuyo nombre recuerda a uno de los más finos poetas de la lengua castellana, cuenta con el patrocinio del Programa Articular del gobierno entrerriano y establece para esta primera edición una recompensa consistente en:
1.a) una obra de arte inspirada en el libro ganador, cuya confección se encargará luego del fallo del jurado a un reconocido artista plástico; y
1.b) una suma en efectivo de 2.000 pesos (dos mil pesos, moneda argentina), o su equivalente en dólares si el autor ganador resultase ser no-argentino.
El premio se otorgará al mejor libro de poesía editado en papel que sea enviado al certamen y no podrá ser declarado desierto.
2) Se habilita a participar a todos los autores que así lo deseen, sin restricciones de sexo, edad, nacionalidad o residencia, con libros de poesía impresos en cualquier fecha y lugar, con o sin ISBN y sin límites de extensión, siempre y cuando envíen sus volúmenes impresos en castellano. No se aceptarán volúmenes sin encuadernar.
3) Cada escritor podrá enviar tantos títulos como desee. De cada título deben enviarse 5 (cinco) ejemplares. La totalidad de los ejemplares recibidos, una vez concluido el concurso, será donada a cinco bibliotecas de la provincia de Entre Ríos, a saber: Biblioteca Popular Luz Obrera, de Basavilbaso; Biblioteca del Instituto de Formación Docente nº 715, de La Paz; Biblioteca de la Casa de la Cultura; Biblioteca Alternativa Tilo Wenner y Biblioteca Comisión Vecinal Barrio 33 Orientales, estas últimas tres de Paraná.
4) El Premio «JUAN LAURENTINO ORTÍZ» se otorgará un libro de autor individual. Sin embargo, se aceptarán antologías y otras publicaciones colectivas (de grupos, de talleres, etcétera). De hecho, se otorgará como mínimo:
4.a) un Diploma de Honor a libro(s) de más de un autor.
También se concederán Diplomas de Honor a:
4.b) mejor libro de poesía para niños;
4.c) mejor libro de poesía con ilustraciones;
4.d) libro de edición más original (para libros-objeto que se destaquen formal y conceptualmente). El jurado tendrá la libertad de establecer otras distinciones, extendiéndose diplomas de honor por cada una de ellas.
5) No constituye obstáculo a la participación en este Premio que el/los libro/s aspirante/s se encuentre/n concursando en otro certamen ni que haya/n obtenido galardones de cualquier índole con anterioridad.
6) Plazo: la recepción de obras cierra el 21 de setiembre de 2009. Se tomará en cuenta la fecha del matasellos. Los envíos deben hacerse a:


“PREMIO JUAN LAURENTINO ORTÍZ,
25 de Mayo nº 518,
CP (3100), Paraná, Entre Ríos
Argentina”.
Los organizadores no se responsabilizarán por las pérdidas o daños que pudiera sufrir el material remitido, aunque les apenaría mucho cualquier incidente de este orden. Por eso se recomienda efectuar el despacho a través de correo certificado. Se acusará recibo de las obras mediante un mensaje de correo electrónico.
7) El jurado, que producirá su fallo antes del 21 de noviembre de 2009, estará integrado por 5 escritores y expertos en literatura de la región y sus nombres se harán públicos una vez emitido su veredicto, el cual será inapelable.
8) Cada autor deberá adjuntar una hoja que contenga los siguientes ítems: nombre completo, dirección postal, dirección electrónica, teléfono, breve curriculum y firma. Respecto a los libros de varios autores, bastará con enumerar los mismos datos de al menos un autor, o del editor, quien fuera que enviase el libro. Los autores que envíen más de un libro deberán remitir sus datos sólo una vez.
9) La remisión de los libros a la dirección indicada implica la plena aceptación de las bases de este certamen y consiente automáticamente la donación de los ejemplares recibidos a las bibliotecas mencionadas. Si un autor enviase menos de 5 ejemplares de un título, no se lo habilitará como contendiente al PREMIO INTERNACIONAL DE POESÍA «JUAN LAURENTINO ORTÍZ» y el conjunto de libros se repartirá lo más equitativamente posible entre las entidades beneficiadas. Las situaciones imprevistas que pudieran suscitarse se resolverán según el leal saber y entender de convocantes y jurados.
10) Por consultas, escribir a: BiblioWenner@Gmail.com.

sábado 11 de agosto de 2007

Concurso Nacional de Novela


1º Premio Nacional de Novela
“Laura Palmer no ha muerto”,
de Gárgola Ediciones.

1. El 1º Premio “Laura Palmer no ha muerto” de novela es convocado por Gárgola Ediciones, con la intención de difundir la obra de autores argentinos jóvenes a través de la colección que da nombre al certamen.
2. Podrán participar en el Premio todos los autores de nacionalidad argentina, o que tengan otra nacionalidad pero más de diez años de residencia en el país, que hayan nacido después del 1º de enero de 1969.
3. Las obras que se presenten deberán ser inéditas y no haber sido premiadas en ningún otro certamen.
4. Los participantes podrán presentar cuantas obras consideren oportuno.
5. Las obras tendrán una extensión mínima de 150 páginas, tamaño DIN A4 (210 x 297 mm), mecanografiadas a doble espacio. Deberán enviarse dos originales impresos y copia digital (en CD), indicando claramente 1º Premio Nacional de Novela “Laura Palmer no ha muerto” a Gárgola Ediciones, Balcarce 1053, Oficina 1, CP 1063, Capital Federal, Argentina. Cada original irá firmado con seudónimo. Es obligatorio adjuntar un sobre cerrado en cuyo exterior únicamente figurará el seudónimo y el título de la obra; en su interior se contendrán los siguientes datos: nombres y apellidos del autor, dirección postal, dirección de correo electrónico y teléfono de contacto. No se aceptarán en el Premio obras enviadas por correo electrónico.
6. Los originales no premiados serán destruidos sin que quepa reclamación alguna en este sentido. Gárgola Ediciones no se hace responsable de las posibles pérdidas o deterioros de los originales, ni de los retrasos en la recepción por correo o cualesquiera otras circunstancias imputables a terceros que puedan afectar a los envíos de las obras participantes en el Premio.
7. Para despejar cualquier duda sobre el contenido de estas bases, los participantes pueden escribir a info@gargolaediciones.com.ar, o llamar por teléfono al número (011) 4300-0924.
8. El plazo de admisión de originales se cerrará el 1º de diciembre de 2009. Para los envíos por correo se tendrá en cuenta la fecha del matasellos. Por el hecho de presentarse al Premio, los concursantes se comprometen a no retirar su obra una vez presentada.
9. El Jurado estará compuesto por los escritores Juan Terranova, Selva Almada, Federico Levín como autores de la colección “Laura Palmer no ha muerto” y el escritor y editor Ricardo Romero como autor de la colección y en representación de la editorial.
10. El Premio se otorgará a aquella obra de las presentadas que por unanimidad o, en su defecto, por mayoría de votos del jurado, se considere la mejor.
11. El fallo del jurado será inapelable y se hará público en un acto que se celebrará en Buenos Aires el día 17 de marzo de 2010.
12. El Premio único será la edición de la obra ganadora en la colección “Laura Palmer no ha muerto”, de Gárgola Ediciones, en el transcurso del año 2010. El jurado podrá entregar menciones especiales a las obras finalistas que considere destacables.
13. El autor de la novela ganadora cede a Gárgola Ediciones el derecho exclusivo de explotación de su novela en cualquier forma y en todas sus modalidades, para todo el mundo. Esta cesión de derechos se entenderá realizada por el plazo de siete años.
14. Entre los derechos reconocidos a Gárgola Ediciones se entenderán comprendidas todas las modalidades de edición de la novela ganadora (rústica, tapa dura, bolsillo, club del libro, fascículos, ediciones para quioscos, reproducción impresa en publicaciones periódicas, antologías, libros escolares y otras ediciones especiales sean o no promocionales, impresión bajo demanda, etcétera).
15. También se entenderán comprendidos los derechos de reproducción, distribución y comunicación pública (en todas sus modalidades) de la obra en versiones electrónicas (incluidas las versiones multimedia y las redes informáticas de comunicación), en cualquier soporte electrónico en su más amplio sentido, pudiendo transmitirla a través de Internet y otras redes informáticas y de telecomunicaciones y permitiendo a terceros su reproducción y/o almacenamiento, así como el derecho de transformación y adaptación de la novela en cualquier modalidad de obra audiovisual (cinematográfica, televisiva, etcétera). Quedan también reservados en exclusiva a la editorial los derechos de traducción para la edición en todos los idiomas y la posibilidad de cesión a terceros. La editorial podrá realizar cuantas ediciones decida de la obra de entre un mínimo de 1.000 y un máximo de 5.000 ejemplares cada una de ellas. El autor percibirá el 10% del PVP (Precio de venta al Público) del libro, y el 60% de lo percibido por la editorial en las modalidades de explotación que supongan la transformación de la obra (traducciones, adaptaciones audiovisuales, etcétera).
16. El autor de la novela ganadora se obliga a suscribir un contrato de edición según los términos expuestos en estas bases. De no formalizarse el contrato, por cualquier circunstancia, el contenido de las presentes bases tendrá la consideración de contrato de cesión de derechos entre la editorial y el ganador.
17. Gárgola Ediciones se reserva el derecho de adquisición preferente del derecho de edición de cualquier novela presentada al Premio que, no habiendo sido la ganadora, sea considerada de su interés, previo acuerdo con los autores respectivos.
18. La participación en este Premio implica de forma implícita la plena y total aceptación de las presentes bases. Para cualquier diferencia que hubiese de ser dirimida por vía judicial, las partes, renunciando a su propio fuero, se someten expresamente a los Juzgados y Tribunales de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.

domingo 22 de abril de 2007

Marta

Una tarde de sábado, de primavera, de mucho sol Marta me bañaba en el patio. A Marta le gustaba bañarme y Mamá la dejaba. Cuando hacía frío colocaba el fuentón en la cocina y dejaba las hornallas encendidas. Cuando estaba templado, como aquella vez, y además era fin de semana y la curtiembre estaba cerrada, lo sacaba afuera y lo llenaba de agua tibia. Me bañaba en ese improvisado baño, enorme, con el cielo como techo; rodeada de macetas y los perros de mi casa que metían el hocico para tomar el agua jabonosa y me hacían cosquillas con la lengua.
Marta era una mujer muy pulcra. Me frotaba con la esponja una y otra vez.
-Me la vas a gastar de tanto fregarla.- Decía Mamá.
-Basta, Marta, que me hacés doler.- Me quejaba yo viéndome los bracitos enrojecidos.
Después me sacaba del agua y me envolvía en un toallón espumoso y limpio, me sentaba en su falda y, con una toalla pequeña, me secaba el pelo.
Marta siempre olía bien y su ropa y su cabello siempre estaban en orden. De lunes a viernes trabajaba en los laboratorios Roux Ocefa, en el Bajo Flores; se levantaba al alba y no volvía hasta la tarde; estaba en el sector de tripas donde, con intestinos de animales, fabrican los hilos para suturar. Una vuelta le dieron una medalla de oro porque en no sé cuántos años de trabajo no había faltado un solo día al laboratorio.
Marta vivió muchos años en casa. De tanto en tanto ella y Mamá se peleaban y Marta se iba un tiempo a lo de Nelly o a lo de Daniel, el modisto, que le alquilaba un cuartito en la terraza hasta que Mamá se disculpaba y ella volvía. En esas mudanzas esporádicas nunca se llevaba más que un bolsito de viaje con lo necesario como si no tuviese otra intención que tomarse unas vacaciones. El resto de sus cosas quedaban en su cuarto y aunque Mamá amenazaba con sacárselas todas a la calle y alquilarle la pieza a otro, nunca lo hacía.
Ese sábado yo todavía tenía seis años. La abuela estaba viva, pero casi no se levantaba de la cama. Mamá había salido con Adolfo Adorno, de Panzeri Maderas, que era su novio. Habrían ido a lo de Nelly y Dady a jugar al póker. Marta y yo estábamos solas. Con la abuela, que era como estar solas.
Le pedí que me dejara un poco más en el agua. Sentada en una silla ella se depilaba las cejas con una pinza frente a un espejito de mano.
-¿Duele eso, Marta?- Pregunté.
Ella se rió.
-Al principio duele muchísimo, pero después una se acostumbra.
Todo estaba en silencio. Algo inusual en esta casa siempre llena de ruido y movimiento. El sol brillaba en lo alto y en el cielo no había ni una hilacha de nube. Diría que era una tarde perfecta.
-¿Vos también estás loca, Marta?
Ella no contestó.
-¿Vos también estás loca como tu hermano?- Insistí.
-Carlitos no está loco. Tiene algunos problemas.- Dijo con voz pausada estirando la mano que sostenía el espejito y colocándolo en un ángulo que, seguramente, le permitía observar la ceja en la que había estado trabajando y que, a diferencia de la otra, todavía tupida y desprolija, formaba una línea finita y oscura sobre el arco ciliar, como una pincelada.
Marta, comparada con Mamá, no era una mujer bella. En realidad, ninguna de las amigas puesta al lado de Mamá lograba sobresalir en belleza y en gracia, en las fotos grupales siempre es ella la que acapara la atención. Aunque las demás estén mejor vestidas y peinadas y maquilladas siempre es Mamá la que se roba la escena.
Pero esa tarde Mamá estaba a muchas cuadras de la casa, lejos, en otro barrio, había que tomar por lo menos dos colectivos para llegar a ella o un taxi, recorrer muchas calles, salir de Pompeya y atravesar medio Buenos Aires. Lejos. Y entonces, esa tarde, con su batón de entrecasa y sus chinelas de goma y el pelo recogido en una sencilla cola de caballo y una sola ceja perfectamente depilada, Marta era una mujer bonita.
Se me cruzó por la cabeza que me gustaría que ella y no Mamá fuera mi madre. Por eso le pregunté si estaba loca. Si me hubiese contestado que no, que no estaba loca como su hermano, yo le hubiese confiado ese deseo, esa idea que no era la primera vez que se me ocurría: que me gustaría ser su hija. Pero como no me contestó ni que sí que no, no pude decirle. No sé qué habría opinado al respecto.
Alguna vez le había oído decir a Mamá que Marta no se casaba ni tenía hijos porque estaba loca. Quizás estaba enojada y lo decía por decir.
El hermano de Marta, el que ella decía que tenía problemas, estaba internado en Open Door. Era un hombre, tal vez hasta mayor que Marta, pero cuando ella lo sacaba del instituto, algunos fines de semana, y lo traía a Pompeya siempre lo tenía agarrado de la mano como a un chico. Él nunca se quedaba a dormir, pero solía visitarnos cada tanto. Antes de cada visita, Mamá y Marta me advertían que lo tratase bien, que no le llevase la contra y que no me quedase viéndolo como a un bicho raro. Las horas que pasaba en casa, las dos lo atendían y lo tenían entre algodones. Antes de la caída del sol, Marta y el hermano salían agarrados de la mano rumbo a la estación, al tren que lo regresaba a ese lugar donde vivía. Se iban llenos de paquetes porque Marta siempre le compraba cosas.
Algunos fines de semana eran Mamá y Marta las que se tomaban el tren para visitarlo y otra vez le llevaban montones de cosas: golosinas, revistas, cigarrillos, a veces ropa. Pero a mí nunca me llevaban con ellas.
-Vos no podés ir.- Me decían.- No es un lugar para criaturas.
-Pero quiero viajar en tren. Nunca vamos en tren a ninguna parte.
-No se puede. Otro día.
-Pero Mamá. Marta.- Protestaba mirando a una y a otra con ojos suplicantes.
-Tenés que quedarte con la abuela. Toto no está en casa. No podemos dejarla sola. Otro día, cuando Toto se quede, venís con nosotras.- Decía Mamá.
Y allá se iban las dos con los brazos cargados de obsequios para Carlitos.

En rigor, Marta no estaba loca. Pero tenía problemas. No sé bien qué, tal vez alguna clase de epilepsia. A los problemas de Marta los llamábamos ataques. A veces Mamá también les decía “patatús”, pero me resultaba una palabra poco seria para lo que sufría Marta.
Ataque era un término más preciso. Algo la atacaba desde adentro, tomaba posesión de su cuerpo, le desencajaba la mandíbula, le daba vuelta los ojos hasta dejarlos completamente blancos y lisos como dos perlas. Eso que asediaba a Marta desde lo profundo debía quemar como el infierno pues la obligaba a arrancarse la ropa hasta quedar totalmente desnuda y a correr por el patio como la nena del NAPALM. Cuando a Marta le agarraba el ataque había que trancar la puerta porque si no salía así como estaba, en cueros, y agarraba la calle.
No sé cuánto duraba aquello, tal vez un cuarto de hora o menos, pero así como llegaba se iba, abandonaba a Marta dejándola exhausta y sin saber qué había sucedido.
Mamá siempre contaba, yo no lo recuerdo, que cuando eso tomaba a Marta yo corría a buscar un frasco de perfume y le frotaba los brazos y las mejillas con colonia para traerla de vuelta. Mamá decía que daba resultado.

lunes 26 de marzo de 2007

La camaradería del deporte

Cuando salió de su casa, Laura vio que el cielo empezaba a cubrirse de nubes ligeras y entrecortadas y que se había levantado viento, así que volvió a entrar y agarró un saquito. Caminó rápido las dos cuadras oscuras que la separaban de la avenida. Los mocosos del barrio no dejaban una lamparita sana.
-Puta que los parió, pendejos de mierda-pensó, y enseguida sonrió recordando que ella y sus amigos, de chicos, hacían lo mismo y había sido divertido.
Sobre la avenida había un poco más de luz. No andaba un alma. Miró el reloj: dos y treinta y cinco. Con tal que el Rojo no hubiese pasado ya. Prendió un cigarrillo y miró para el lado contrario a ver si venía Mariana. Nada.
-¿Se habrá dormido esta boluda?-pensó, dando un bostezo y largando humo, todo junto. Justo ahora que estaban más estrictos que nunca con el tema del horario. El puto ese de Sosa, desde que lo habían ascendido a supervisor, se había olvidado que hasta hacía un mes estaba achurando pollos igual que todos ellos.
Vio la trompa del Rojo asomarse a tres o cuatro cuadras y se apuró a terminar el cigarrillo. Escuchó un ruido a sus espaldas, dio vuelta la cabeza y la vio venir a Mariana, corriendo y haciéndole señas con los brazos. En un minuto estuvo junto a ella. Se agarró de su hombro con una mano mientras que con la otra se agarraba el pecho.
-Pensé que no llegaba-dijo jadeando.
-Estás hecha mierda, boluda-dijo Laura, estirando un brazo para parar el colectivo, aunque los choferes ya las conocían y paraban solos.
La puerta se abrió con un resuello y subieron.
-Pero qué cara está la sandía-dijo Raúl, el chofer de turno, mirando a Mariana a través de los espejos de los rayban que no se quitaba nunca.
-Ay, callate, Raúl, estoy muerta.
-La noche se hizo para dormir.
-Entonces me querés decir qué mierda hacemos nosotros levantados a esta hora-dijo Mariana y los dos se rieron.
-La semana tendría que empezar el martes-dijo Raúl dando marcha y devolviendo el coche al asfalto.
-Apoyo la moción-dijo Mariana yendo para el fondo a sentarse con Laura en uno de los últimos asientos dobles.
Laura estaba del lado de la ventanilla, mirando hacia afuera. Aparte de ellas dos, había un tipo joven que venía dormido y una mujer cuarentona vestida de enfermera.
-¿Qué pasó? ¿Te dormiste?
-No. Seguí de largo.
-Ponete las pilas, boluda. Mirá que Sosa no te va a dejar pasar una.
-Ese conchudo. Al final estábamos mejor con Cabrera. Era un pesado, pero por lo menos te dibujaba la ficha. Pobre. ¿Se sabe algo?
-Lo último que supe el viernes es que está igual. Lo peor es que cuando se le terminen los días de internación se lo van a tener que llevar a la casa.
-Pero si es una plantita.
-Para lo que les importa a los de la mutual. O se lo llevan o lo desenchufan. Se lo dijeron bien clarito a la mujer. Pobre mina. Por ahí lo mejor es que lo desenchufen y listo.
-Callate, Lauri, no digas así.
-Y bueno, nena. Así como está no es vida ni para él ni para la familia. ¿Cómo estuvo el partido?
-Ni me hablés. Para atrás.
-Quise seguirlo por la radio. Pero el pelotudo del marido de mi tía, desde que el pendejo más chico juega al básquet, no escucha otra cosa. Se piensa que el pendejo los va a salvar a todos.
-¿Cuál?
-El Gerardo. Es de los más chicos. No sé si lo conocés.
-Bueno. El partido en sí no valió nada. No sé qué les pasaba a los vagos. Los nuestros no daban pie con bola. Y los de Bovril son unos paquetes de yerba, pobres. Pero así y todo no les pudimos meter ni un solo gol, ni de rebote.
-A la noche te iba a llamar a ver si hacían algo. Pero con el embole que me pegué en ese bodrio de fiesta ni ganas tuve.
-¿Qué me dijiste que festejaban?
-Las bodas de oro de mis abuelos. Yo ni en pedo estoy cincuenta años con el mismo tipo.
-Sí, qué embole. Pero bueno, capaz que se quieren ¿no? ¡Pará! No te conté lo que pasó.
-Tocá el timbre, Marian, que el Raúl está dormido.
-Después me dice a mí, el paspado.

Pasaron el portón y subieron la explanada de cemento que conducía al edificio chato, cuadrado, iluminado por luces blancas, de morgue. Pintado sobre la pared un cartel anunciaba Pollos Cresta Dorada. A un lado del acceso de entrada a las oficinas de la administración se alineaba una veintena de bicicletas inmóviles. Saludaron a algunos compañeros que, ya enfundados en el uniforme blanco, con las botas de goma puestas, terminaban sus cigarrillos en la puerta. En el pasillo, de pie al lado de la máquina de fichar, estaba Sosa sonriendo bajo la luz fluorescente que le acentuaba el azul de la barba recién afeitada.
-¿Cómo les baila a las chichis? –dijo haciéndose el gracioso.
Mariana y Laura le respondieron con un seco qué hacés, Sosa; buscaron sus tarjetas en la pared y las metieron en la ranura de la máquina.
-Por un pelito no me llegan tarde-dijo Sosa consultando su reloj.- Así me gusta. No sea que después pierdan el presentismo.
Las chicas, sin mirarlo, devolvieron las tarjetas a su sitio y caminaron pasillo arriba rumbo a los vestidores.
-Este es un pajero marca cañón-dijo Mariana.- Me dan unas ganas de cagarlo a bollos...
-Dejalo. No le des bola. A estos tipos lo que más bronca les da es que los ignores.
En el vestuario, se desnudaron y se pusieron los uniformes blancos. Colgaron la ropa de calle y la guardaron cada una en su respectivo casillero junto a los zapatos. Después se sentaron en un banco largo para ponerse las botas de goma, también blancas. Por último se ajustaron los gorros de tela, metiendo adentro hasta el último mechón de cabello.
-¿Da para que nos fumemos un pucho a medias?-dijo Mariana.
Laura miró el reloj.
-No, mejor vamos. Ya estamos en hora.
-Puta madre.
-Oíme, ¿y vos por qué seguiste de largo?-le preguntó a Mariana.- ¿El Néstor no se iba a Mendoza el viernes?
-Ajá.
-¿Y se fue?
-Sip.
-¿Entonces?
-Es la hora de abrir pollitos, mami. Después te cuento.

El turno en el frigorífico es de tres de la mañana a doce del mediodía. A las ocho, los empleados tienen media hora para tomar un café y comer algo.Laura y Mariana salieron a la explanada de cemento con vasitos de papel humeantes en la mano. El día seguía nublado y ventoso.
Se sentaron sobre un murito largo donde otros empelados también bebían café o tomaban mate y fumaban.
-¿Entonces? ¿Con quien estabas anoche, turra?
-Me fui a tomar algo con el Chilo.
-¿Con el Chilo? ¿Y la novia? Si la Colorada no lo deja ni a sol ni a sombra...
-Parece que se tomaron un tiempo. No sé… Uy, pará, callate que ahí vienen las Trillizas.
Las Trillizas trabajan en el peladero, donde recién comienza el proceso: los pollos les llegan sin cabeza y llenos de plumas, todavía calentitos. No son hermanas ni parecidas, pero como siempre andan las tres juntas les pusieron las Trillizas. Una, la que lleva la voz cantante, es muy alta. Las otras dos, petisas, siempre van una a cada lado de la Alta, flanqueándola.
-Qué tole-tole se armó ayer, eh…- dijo la Alta.
-¿Por qué? ¿Qué pasó?- preguntó Laura.
-Boluda, justo iba a contarte- dijo Mariana.
-Flor de quilombo- dijo la Alta.- Pensé que terminábamos en cana.
Las petisas se rieron.
-Pero cuenten, che. ¿Qué pasó?- insistió Laura.
-Contale vos porque yo me acuerdo y me empiezo a mear de la risa- dijo Mariana.
Las Trillizas también se rieron.
-Denle, boludas, que en un toque tenemos que volver adentro.
-Se armó lío con las nenas del “Defen” de Bovril.
-No digan. ¿Las Rusitas?
-Sí. Resulta que las gringas taradas estas se vinieron todas vestidas iguales, de shorcito y remerita ajustada, tipo Las Diablitas, ¿me cazás?, pero con treinta kilos más cada una. Todas de verde. Se habían inventado cantitos y todo. Un cago de risa.
-¿Y se metieron en la cancha?
-No. Intentaron antes de que empiece el partido, pero el réferi las sacó carpiendo. No. Bardeaban de afuera, con los cantitos bola esos que no pegaban ni con moco. El partido empezó para atrás y fue todo el tiempo para atrás. Un bodrio. Y las boludas estas meta canto, levantando los brazos, meneando el culo y toda la gilada esa. Cuestión que nosotras estábamos en los tablones de enfrente. Estábamos nosotras tres, la Mariana, Anita, la Negra que cayó con dos vagas más que siempre andan con los de Patronato, no sé qué hacían ahí, venían de un asado, algo así, no entendí bien. La cosa es que estaban con nuestra barrita. Ahí, todas alentando, que esto, que aquello, poniéndole el hombro. A los veinte minutos ya estábamos re-podridas. No daba ni para putearlos. Parecían del regreso de los muertos vivos. Menos mal que los rusitos del “Defen” estaban igual, porque nos llegaban a meter un gol y ahí entraba yo misma en persona a cagarlos a patadas en el ojete. Cuestión que estábamos todas con la cara larga. Y enfrente las Rusitas que “dame la D, te doy la E, y te pido la F” y la concha de su madre.
La Alta detuvo el relato para reírse a coro con Mariana y las petisas y encender un cigarrillo.
Una ráfaga de viento arrastró varios vasitos vacíos.
-Me parece que se va a largar en cualquier momento- dijo Mariana mirando el cielo.
-En la radio dijeron que a mediodía- dijo Sosa que andaba merodeando entre los grupos de empleados queriendo meterse en alguna conversación.- No me van a decir que le tienen miedo a un chaparrón.
Ninguna le contestó.
-¿Y? ¿Cómo se preparan para el miércoles?
-¿El miércoles? ¿Qué pasa con el miércoles?- dijo la Alta.
-¿Cómo que pasa? Jugamos contra los de Sagemuller.
-¿Eh?- dijeron las petisas a dúo.
-¿Quiénes “jugamos”?- preguntó la Alta burlona.
-Cómo quiénes. Nosotros. Cresta Dorada contra Molinos Sagemuller.
-Ah, bueh…- resopló Laura.
-Me imagino que van a ir a apoyarnos.
-¿Y nosotras qué tenemos que ver?
-Cómo qué tienen que ver. ¿No se van a todos lados atrás de la Unión ustedes?
-La Unión es nuestro equipo del alma, querido- boqueó la Alta olvidándose que Sosa, ahora, era un superior.
-Y nosotros somos el equipo del frigorífico. Y hasta donde sé todavía trabajan acá. Mirá vos- le respondió Sosa medio mosqueado.
-¿Y desde cuándo el peladero tiene equipo?- preguntó Mariana.
-Desde que yo soy el supervisor- dijo Sosa.- Es para promover la camaradería entre los empleados.
-Y a eso ¿dónde te lo enseñaron? ¿En el Walt Mart?- deslizó Laura con ironía.
Antes de entrar en Cresta Dorada, Sosa había trabajado en el supermercado y siempre que podía traía a colación, ensalzándolas, las técnicas de mercadeo y adiestramiento del personal que propugnan las multinacionales yanquis.
-Con tal que a las mujeres no nos pongan a jugar al voley- dijo la Alta apagando la colilla con un pisotón.- En el primer salto me quedo seca.
-Tendrías que dejar de pitar un poco- dijo Sosa.
La Alta lo miró como para comérselo crudo, pero no dijo nada.
-Bueno, muñecas. Adentro que se terminó el recreo- ordenó el supervisor.
-Pará, Sosa. Me estaba contando algo- se quejó Laura.
-A los chismes los dejan para cuando se juntan a tomar mate, chicas. Acá hay que trabajar. Después al que le tiran la oreja es a mí.
-Un cachito más, Sosa. Si vos no hubieses venido a interrumpir ya hubiésemos terminado.
-No vine a interrumpir. Vine a ponerlas al tanto. Si no fuese por mí, se pierden el partido. Ustedes también son parte del equipo, che. Después hablen con las chicas de la administración que están preparando algo para el miércoles.
Las cinco se miraron: no se podían ni ver con las que trabajaban en las oficinas.
-Sí, sí- dijo Laura.- No te preocupés. Pero bancanos un ratito más.
-Está bien.- suspiró Sosa.- Vamos a hacer de cuenta que mi reloj está atrasado cinco minutos. Por esta única vez. Para que después no anden hablando por atrás y diciendo que soy un buchón. Para que vean que, aunque me ascendieron, sigo siendo uno de ustedes.
Sosa se fue a arriar a otro grupo y la Alta terminó su relato.

Las Rusitas son las esposas, novias y hermanas de los Defensores de Bovril, un equipo de la Liga Rural que dos por tres se enfrenta con Unión de Paraná, el cuadro que siguen las chicas.
No hay rivalidad entre los equipos, pero sí entre la hinchada femenina que se tiene pica desde hace rato. Las seguidoras del Defensores se sienten ninguneadas por las de la Unión, menospreciadas por ser del campo y protestantes, y tienen terror de que alguno de sus muchachos se meta con una de Paraná, por eso los acompañan a todas partes y siempre están a la defensiva.
Ese domingo, como contaba la Alta, se vinieron preparadas con sus atuendos verdes –el color del equipo-, medias bucaneras, cánticos y coreografía. Dispuestas a lucirse. De habérselo permitido, habrían entrado a la cancha a animar a su “Defen” querido antes del partido y así dejarles bien clarito a las paranaenses que los botines de Bovril tienen quien los lustre. Sofocada su primera ofensiva, no se desanimaron. Si sus muchachos dejaban todo en la cancha, ellas iban a dejar todo del tejido para afuera. La premisa era no parar de animar ni un minuto. Algunas tendrán cierto sobrepeso, como dijo la Alta, pero todas están acostumbradas al trabajo duro del campo y tienen aguante para rato.
Las chicas de la Unión estaban malhumoradas por el desarrollo del partido y encima les daba todo el sol en la tribuna, en una tarde bastante calurosa. Pero, si no hubiese aparecido la Shakira, seguramente la cosa no habría pasado de una andanada de insultos de tribuna local a visitante y algún empujón en el baño de mujeres.
La Shakira es una travesti afamada de avenida Ramírez, en la zona de la Terminal. Pero antes de transformarse en “la Shakira” jugó en las inferiores de la Unión y a la albiceleste la lleva metida en el pecho. Siempre dice que su amor por el fútbol empezó en la cancha y siguió en los vestuarios. En el club todos la quieren. Las malas lenguas dicen que de vez en cuando les anima las fiestas a los jugadores, pero si alguien se atreve a mencionarlo la Shaki se enfurece: vos qué te pensás, que los de la Unión son bufarrones, es la respuesta más suave que le merece un comentario de este tipo.
La cuestión es que ese domingo la Shakira entró haciendo crujir el tablón con sus tacos aguja. No tenía un buen día. Andaba de amores con un médico del Centro y el hombre la tenía a las vueltas, mareándola con promesas falsas. Esa madrugada habían terminado a las puteadas. Y la Shaki vino a la cancha a descargarse.
Preguntó cómo iba el partido. Recontra para atrás, le dijeron, y encima nos tenemos que aguantar a las conchudas estas haciéndose las porristas.
Los ojos de la Shaki, impenetrables detrás de los lentes negros, encontraron rápidamente el objetivo.
-¿Qué pasó? ¿Se incendia el monte que salieron todas las cotorras?- dijo. –Ya les voy a dar a estas venir a hacerse Las Diablitas acá.
Apenas empezado el entretiempo, se paró, se acomodó la pollerita de jeans que se le había arremangado y puso las manos en las caderas.
-Síganme las buenas- dijo y volvió a hacer crujir los tablones de la tribuna, bajando sin mirar dónde pisaba como las vedettes del teatro de revistas.
Las otras se miraron. No sabían qué planeaba la Shaki, pero estaban dispuestas a acompañarla hasta el final.
Pasaron atrás del arco y se ubicaron, disimuladamente, en el lado visitante. Las Rusitas seguían en la suya, cantando y bailando, dispuestas a no parar, pasara lo que pasara. Dos o tres se habían salido de la fila y tomaban agua de unas cantimploras y elongaban preparándose para volver a entrar cuando la coreografía lo permitiera.
Comenzó el segundo tiempo. La Shaki, sin aviso previo, saltó como un gato sobre el tejido, metió la punta de sus botas entre la malla de alambre y los dedos de largas uñas rojas y trepó un trecho. Frotándose contra el tejido fue levantándose la musculosa hasta que las tetas le quedaron al aire. Prendida del alambrado empezó a moverse para atrás y para adelante y con un grito digno del gol que nunca hubo en ese partido aulló: Boooooovriiiiiil, haceme un hijooooo.
Por unos segundos todo pareció congelarse. Las Rusitas siguieron cantando y bailando, tratando de no perder el ritmo, pero todas miraban azoradas a la Shakira que seguía meneándose en las alturas. El suyo fue un alarido de guerra. Pasado el momento de sorpresa, el resto de las chicas de la Unión se tiraron contra el tejido y empezaron a escalar y la consigna: Bovril, haceme un hijo, fue creciendo, violenta como una ola, tapando los versos con ritmos de Ricky Martin y la Shakira colombiana que las Rusitas coreaban a grito pelado, ya sin preocuparse en mantener los tonos, intentando vanamente acallar ese otro, obsceno y diabólico, dirigido a sus maridos, novios y hermanos.
Cuando vieron que con las canciones no iban a ninguna parte, largaron los carteles y las porras y se fueron contra las de la Unión a desengancharlas del tejido de los pelos. Terminaron todas revolcándose en el piso: Anita, las Trillizas, la Negra y sus amigas de Patronato, todas contra las Rusitas. Menos Mariana que se demoró en el baño y llegó cuando la batalla había comenzado. Y la Shakira, que tenía por regla no pegarle nunca a una mujer y se bajó sola del tejido y fue a la tribuna a fumarse un porro y ver el espectáculo junto con los hombres que no se decidían a separarlas.

Laura y la Alta se separaron a las carcajadas en el pasillo y volvió cada una a su trabajo: todavía les faltaba completar la mitad del turno.
Mariana y Laura están en la parte de evisceración, una de la etapas finales del proceso de faenamiento: el pollo se desliza por la cinta, pelado y con un corte vertical en la pechuga, ellas meten la mano, sacan las achuras, desechan lo que no sirve, separan los menudos, los meten en pequeñas bolsitas y otra vez al interior del pollo. Para esta tarea son más eficientes las mujeres pues sus manos pequeñas pueden introducirse rápidamente en el tajo. Aunque usan guantes, la blandura tibia de las vísceras traspasa el látex finito y por más que llevan varios años haciendo lo mismo, no pueden evitar retraerse de asco cada mañana cuando meten la mano por primera vez. Después se acostumbran y al tercer o cuarto pollo las yemas de los dedos pierden toda sensibilidad y actúan como ganchos mecánicos.
Laura estuvo el resto del turno riéndose sola con el relato de la Alta.

Al mediodía volvieron al vestuario, se ducharon y se rociaron un tubo entero de desodorante en todo el cuerpo. Por más que se fregaran y se perfumaran, el olor a pollo las seguía como un perro.
Volvieron a ponerse sus “ropas humanas”, como decía Laura; pasaron por la máquina de fichar y salieron.
-Estoy molida, boluda- dijo Mariana.
En la parada de colectivos prendieron un cigarrillo. El día seguía encapotado, húmedo y ventoso, típico de la primavera en Paraná.
-Así que se fueron a tomar algo con el Chilo.
-Ajá. Parece que se va.
-¿El Chilo? ¿Adónde?
-A Buenos Aires. Hay una punta para que se pruebe en un club de la provincia. En Lanús.
-Mirá vos. ¿Y se va nomás?
-Y sí… tiene que aprovechar, no le queda mucho tiempo. Tiene parientes allá. Un tío que tiene un lavadero. Al principio va a laburar con él. Por eso se peleó con la Colorada.
-Sabés que nunca entendí, Marian.
-¿Qué cosa?
-El Chilo y vos. Desde los doce años que van y vienen. Cada uno ha tenido novio y novia y siempre viéndose. El Néstor es muy bueno, pero…
-¿Pero qué, che? Yo al Néstor lo quiero.
-Pero del Chilo siempre estuviste enamorada.
-Y bueno, Lauri, a veces las cosas se dan así y hay que tomarlas como vienen. Qué querés que te diga.
-¿Por qué nunca se jugaron por lo que sienten?
Mariana aspiró la última pitada y tiró la colilla de un tincazo. Los ojos le brillaban.
-Ahí viene, Lauri.
El colectivo frenó y subieron. Venía repleto. Se tomaron del pasamanos, en silencio. De repente, Mariana dijo:
-Bovril, haceme un hijo. Qué loca esta Shakira.
Las dos se rieron.

domingo 25 de febrero de 2007

El del medio

Estaba despidiendo al chofer del camión jaula que había venido a llevarse una carga de pollos cuando la vio a su mujer hablando con Tonio, su hermano menor.
Verónica tenía a la criatura encajada en la cadera, la musculosa y el shorcito le dejaban medio cuerpo al aire. Habría llegado mientras él estaba en los galpones cazando pollos. ¿Ya se le habría pasado la bronca? Ayer los dos habían peleado y ella había agarrado el nene y la camioneta y se había mandado a mudar a lo de su madre. Cuando pasó a su lado le gritó que no pensaba ir a buscarla de nuevo y otras cuantas cosas que el ruido del motor le habrá impedido escuchar. Por suerte, porque se arrepintió enseguida. Él a Vero la quiere, pero ella lo saca de las casillas dos por tres.

Su padre le advirtió que eran muy jóvenes para casarse. Pero la opinión de su viejo estaba contaminada por su propia experiencia. No confiaba en el matrimonio. O, mejor dicho, desconfiaba de la lealtad de las mujeres. No era para menos: la suya lo había dejado con tres hijos chicos y se había pirado con su mejor amigo. No había razón para que su padre creyera en la lealtad de nadie.
Sin embargo él, pese a su corta edad, creía que las cosas podían ser distintas. Con Vero estaban enamorados y la noticia del nene en camino fue la excusa perfecta para estar juntos como Dios manda, sin que ella tuviera que escaparse para verlo.
-Si no la hubieses preñado, no entrabas nunca a mi familia.- Le había dicho el padre de Vero.-Pero ahora que me la echaste a perder, te casás. No voy a criar un nieto guacho.

Le da mucha rabia ver a su mujer y a su hermano menor juntos, todo el día chucu-chucu, a las risas. Tonio no es como él y el Willy que se rompen el espinazo en los gallineros, de sol a sol enterrados en mierda de pollo, con olor a plumas, contagiándose piojillo, los brazos y las manos llenos de arañazos que se infectan y entonces a Vero le da impresión que la toque o agarre al nene. Tonio es distinto. Cuando el padre se enoja con él dice que es igual a la madre. Y por ahí eso es lo que le preocupa. Que Tonio sea como su madre. O que Vero tenga las mismas mañas que ella. Para el caso es lo mismo.

Cuando la madre se fue con ese tipo, Denis, Tonio era un bebé más chico que su nene y el Willy y él tenían cinco y cuatro años. Guardaba algunas imágenes de esos primeros días. El padre enfurecido poniendo la casa patas arriba. Arriando con todas las pertenencias de la mujer y prendiéndoles fuego en el patio. Asustado y al mismo tiempo fascinado porque nunca había visto una fogata tan grande, se había quedado en cuclillas mirando las lenguas de fuego que se movían con el viento. Sin querer se había hecho pis encima y cuando se dio cuenta se puso a llorar, todo en silencio y sin cambiar de posición. Por suerte era de noche y el padre tenía la cabeza en otra cosa como para darse cuenta de algo. No paraba de decir que los iba a buscar y les iba a dar un escopetazo a cada uno. ¿Había llegado a agarrar la escopeta o a eso se lo había inventado él? Sea como sea el caso es que no salió a buscarlos ni mató a nadie. Aunque le dijo a todo el mundo que lo haría si volvían a cruzarse en su camino. Tal vez lo decía para que ellos se enterasen y no se les ocurriese volver. Tal vez tenía miedo de terminar perdonándolos si regresaban y se lo pedían.
Con los años había comprendido que su viejo era incapaz de matar a nadie. Todavía no sabía si eso era una virtud o un defecto.
Mientras, Tonio lloraba como un marrano. No había parado de llorar durante días más que en los cortos intervalos en que lo vencía el cansancio y dormía algunas horas. El Willy andaba para todos lados con el hermanito a upa. El nene berreaba y el Willy se lo llevaba lejos para que el padre no se pusiera peor de lo que estaba. Él tampoco aguantaba oír a la criatura, pero le daba miedo quedarse solo así que no tenía más remedio que irse atrás del Willy. Caminaban por el campo, se iban hasta el arroyo o se metían en una arboleda enorme: a Tonio le llamaba la atención el movimiento de las hojas y un poco se calmaba.
Por suerte a los dos o tres días llegó la abuela para poner orden y encargarse de todos. De a poco las cosas se fueron reacomodando. La abuela, que había venido con un bolso chico y un par de mudas, mandó a traer el resto de sus cosas y se quedó a vivir en la casa. Con el paso de los días Tonio empezó a llorar cada vez menos. Hasta que agarró la mamadera, la abuela se mojaba el dedo en leche y se lo metía en la boca como a un gatito.

El camión echa a andar y el chofer saca un brazo por la ventanilla diciéndole adiós. Él también levanta la mano devolviendo el saludo. Manejá con cuidado, grita y el otro le responde con un bocinazo.
Vero dejó al nene en el suelo. Está fumando y sigue charlando animadamente con el cuñado. Amaga ir hacia la casa, pero enseguida se arrepiente y enfila hacia los gallineros. No tiene ganas de hablar con ella todavía. Se prende un pucho y camina rápido como si fuese a hacer alguna diligencia. No va a hacer nada. Sólo quiere parecer ocupado y poner distancia.

Este año se juró trabajar el doble para que el año que viene Tonio pueda irse a estudiar veterinaria a Esperanza, en Santa Fe. Lo quiere lejos de su mujer. No lo quiere otro año dando vueltas por la granja, dándole charla a Verónica. Los dos ociosos haciendo Dios sabrá qué mientras el Willy y él andan en los galpones.
Se queda el padre en la casa, pero el padre se mete en la pieza a tocar el acordeón o se va al boliche todo el día y después hay que ir a buscarlo porque llega la noche y él no vuelve. Apenas ellos pudieron arreglarse solos fue como que el padre dijo basta, hasta acá llegué. Con el Willy levantaron la granja y la hicieron funcionar. Los dos son muy trabajadores. No sabe de dónde les viene. No del padre que siempre fue bastante vago, de haber sido por él no más se habría dedicado al acordeón.

Técnicamente el invierno no ha terminado, pero la temperatura pasa los 25 grados, hay mucha humedad y viento norte. Algo así como el veranillo de San Juan, aunque eso es en junio, le parece. Como sea, el olor de los gallineros se densifica y los enjambres de moscas se posan en los troncos de los árboles y en las paredes formando manchas oscuras y zumbonas. Vero detesta las moscas y la peste de los pollos. Ella es una chica de pueblo y no se acostumbra a ser la mujer de un granjero. Por ahí tendría que haberse casado con alguien como Tonio que el día de mañana y si Dios los ayuda va a ser un profesional con chapa de bronce en la puerta.

Cuando empezó la escuela, el Willy que ya estaba en segundo, les venía diciendo a todos que la madre era muerta y él siguió con el cuento. Por no desmentir al hermano o porque le daba vergüenza, vaya a saber. Una mentira blanca, de niño, que a veces terminaba creyéndose. Fantaseaba con que su padre, sin que nadie lo sepa, había encontrado a la madre y le había disparado con la escopeta tal como le oyó jurar. El amante, sin embargo, había logrado escapar. El padre lo había dejado irse para que sea él, el hijo del medio, quien cuando crezca lo atrape y lo mate. En los juegos de pistoleros que jugaban en la escuela, cada chico que caía bajo su ¡pam! estás muerto, secretamente era Denis. Cuando fue más grandecito y su padre le enseñó a disparar la escopeta, cada liebre que perseguía a campo traviesa hasta darle alcance, cercarla, apuntar y jalar del gatillo, cada liebre que daba su último salto impulsada por la velocidad mortal de los perdigones, era Denis. Cada tiro que le dejaba el hombro moreteado por el impacto de la culata contra su carne blanda, infantil, era a Denis a quien se llevaba de este mundo directo al infierno.
Apenas entrado en la adolescencia, dejó la escuela igual que el Willy y los dos se pusieron a trabajar como adultos. Por esa época murió la abuela y con lo que le tocó de herencia al padre construyeron el primer galpón y arrancaron en el negocio de los pollos. El trabajo duro había aplacado su deseo de venganza. No tenía tiempo de pensar en ese hombre ni en su madre. No es que los hubiese perdonado, sólo que cada vez pensaba menos en el asunto; se fue convenciendo de que nunca más vería a su madre que era, en cierto modo, como si estuviese muerta.

En la familia nunca se habla del tema. Debe ser de lo último que puede querer hablar el padre y, por supuesto, él lo comprende y respeta. Pero tampoco los hermanos hablan de eso.
El Willy es callado como una piedra. De lo único que habla es de pollos y de números. Nunca tuvo novia. Sospecha que ni siquiera estuvo alguna vez con una mujer. Y con Tonio no se puede hablar en serio de nada. Según como se mire tuvo más suerte que ellos: era tan chiquito cuando ella se fue que su memoria no guardó nada de la madre.

Hace unos años, un conocido del pueblo llamó por radio y él recibió el mensaje. Decía que su madre iba para allá en un remís, que quería verlos y que los esperaba en la tranquera.
Nunca le dijo a nadie, pero fue.
En la entrada a la granja hay un grupo de árboles frondosos. Se trepó a uno y esperó oculto entre las ramas y las hojas de la copa tupida. Al rato vio el Renault blanco salirse de la ruta y estacionar en la tranquera. Bajó una mujer delgada, vestida con jeans y remera, el cabello rojizo, teñido, ni corto ni largo. Joven todavía. Con buena figura. De habérsela cruzado en la calle, él, que ya empezaba a prestar atención al sexo opuesto, se habría dado vuelta para relojearle el trasero.
Ella se apoyó en el capot del auto y encendió un cigarrillo. A este primero le siguieron unos cuantos en la hora larga que estuvo esperando, sin moverse, a pesar del calor que rajaba la tierra. No se acordaba que su madre fumara. Aunque tal vez había agarrado el vicio después de dejarlos.
El conductor se quedó sentado frente al volante y puso la radio. La música, una canción de moda, llamó su atención y entonces vio que en el asiento trasero había dos criaturas. Una sacó la cabeza rubia por la ventanilla y llamó: Má. Tendría seis o siete años. Má, gritó, me hago pis. La mujer se dio vuelta, pero se quedó en el lugar. Bajate y hacé atrás del auto: en mi cartera hay papel. No, dijo la nena, me van a ver. Decile a tu hermana que te tape; dale que acá no hay baño.
Bajó una por cada puerta. Las dos rubias y con poca diferencia de edad. Se escondieron atrás del parachoques y se agacharon para mear. Después anduvieron correteando por ahí. La madre, sin mirarlas, les pidió que no se alejaran y que se quedaran quietas.
Pasó un montón de tiempo. Empezaba a acalambrase de estar inmóvil arriba del árbol, cuando el remisero se asomó y le dijo a la mujer que tenían que ir volviendo, que tenía una reserva para las cinco. Ella le pidió que esperasen un poco más. El hombre dijo que no, que no podía, que la reserva estaba hecha desde la mañana y que no le podía fallar a su cliente. Si no aparecieron todavía, no van a venir; le dijo. Las nenas se quejaron que tenían sed y estaban aburridas. Tenían tonada porteña.
La mujer se alejó del auto y se subió a la tranquera. Se puso una mano en la frente y miró lejos, seguramente con la esperanza de verlos venir o algo, pero la casa estaba demasiado retirada como para ver nada desde allí.
Está bien, dijo volviendo al coche, vamos.
El chofer dio marcha atrás, giró y agarró la ruta de nuevo. Él bajó del árbol, pasó entre los hilos del alambrado y corrió hasta la banquina. El auto era un punto blanco que fue tragado enseguida por el asfalto brillante.

Cuando se acerca a la casa, le llega el olor a comida. Churrascos a la plancha. Sonríe. Vero no sabe cocinar otra cosa.
Se detiene en la pileta de lavar ropa y mete los brazos bajo el chorro de agua fría, se enjabona y friega con fuerza y luego se enjuaga y seca con una toalla que saca de la soga.
Vero sale de la cocina y agarra al nene que trataba de sacarle un hueso a uno de los perros.
Tonio, reprocha, fijate lo que hace tu sobrino, casi le roba el hueso al perro: mirá si lo muerde.
Este perro es más bueno que Lassie, dice Tonio riéndose, si se crió con nosotros.
Sos un tiro al aire: no se te puede encargar nada, dice ella más divertida que enojada. Sin embargo cuando lo ve entrar en el patio se pone seria.
Hola, dice él, volviste.
El nene se ríe y le tira los bracitos. Ella lo agarra por debajo de las axilas y se lo tiende. El crío pega varias pataditas en el aire como si así fuera a llegar más rápido a los brazos del padre. Alza a su hijo y lo aprieta contra el pecho. Es tan blando y frágil. ¿Qué harían si Vero los abandonara?
Ella regresa a la cocina. Él se queda en la galería haciéndole unas monerías a la criatura. Tonio deja la revista que estaba hojeando y le dice que le dé al nene si quiere, queriendo ser cómplice de la reconciliación de la pareja. Pero él se lo niega y entra en la casa.
Vero está poniendo la mesa.
Qué suerte que volviste, le dice él.
Ella no responde, pero sonríe, le da un beso y los abraza a los dos, al esposo y al hijo, en el mismo abrazo. Él cierra los ojos y siente la respiración cálida de su mujer contra el cuello y las babas del nene que le empapan el hombro de la camisa. Piensa que él, a diferencia de su padre, sí sería capaz de matarla si los deja.

sábado 24 de febrero de 2007

Semanario Análisis/Entrevista











domingo 29 de octubre de 2006

El matrimonio

Se pone el camisón que se adhiere a sus caderas grandes y a sus pechos grandes. Ella sola lo bordó durante las siestas de dos meses completos. Bordó primero el camisón y cuando terminó, bordó el deshabillé con el mismo motivo. Se sienta frente al espejo de la cómoda y se cepilla el pelo.
Puede sentir la agitación de su ahora marido del otro lado de la pesada puerta de madera. Irma conoce el resuello del macho hambriento.
De pequeña le gustaba espiar el apareamiento de los animales. En los corrales de la casa o en el corazón del bosque. La fascinaba la violencia del coito. Le daba curiosidad. ¿Sería igual entre los humanos que entre las bestias? Un buen día, inesperadamente, tuvo la respuesta. Fue en la casa de su prima Adele. En esos días había nacido la primera de las niñas. Fue un parto duro y Adele perdió mucha sangre. Estaba tan débil que había que prenderle a la criatura del pecho y sostenérsela para que pudiese alimentarla. Irma la acompañaba y hacía las cosas de la casa. Tenía catorce años. Una noche entró en la cocina a tomar un poco de agua. Como si la esperase, Mijal, el marido de Adele, se despegó de la oscuridad y la tomó por atrás, tapándole la boca con una mano para que no gritara. Irma se sostuvo del borde de la mesa y el primo Mijal la montó por la espalda. Fue todo rápido y confuso. El dolor agudo en el vientre. La embestida de las caderas de Mijal. Su mano, la que no estaba en su boca, amasándole las tetas. Fue violento y hermoso. Así como había llegado, regurgitado por la noche, Mijal desapareció. Volvió al dormitorio junto a su mujer y su hija recién nacida. Irma se quedó en la cocina un rato, agarrada de la mesa. Las piernas le temblaban.
Ella y el primo estuvieron haciéndolo hasta varias veces al día durante los cuarenta que duró el puerperio de Adele. Después se separaron sin nostalgia. El secreto de Irma estaba a salvo con el primo. El secreto de Mijal estaba a salvo con ella.

El joven Zack no conoce mujer. En breves instantes será completamente un esposo. Cuando se abra la puerta del dormitorio entrará a la vida marital sano y limpio. Está orgulloso de haber ejercitado la virtud cada día, como un atleta. De no haber flaqueado en las noches de verano cuando los silbidos de las hijas del peletero Veblin surcaban el aire como cañitas voladoras, llamándolo, chispeantes, encendidas de inequívoca oferta.

La morosidad, que el flamante marido adjudicará al lógico temor a la noche de bodas, ha sido medida, cronometrada de antemano por Irma.

Después del primo Mijal vino otro. Y otro. Y otros. Sin embargo, nunca nadie tuvo nada para decir de ella. Una calculada discreción y buen tino a la hora de elegir con quién revolcarse. Pero sobre todo, Irma es consciente de ello, una suerte endemoniada en esta aldea donde todos saben todo de todos. No se puede desafiar constantemente la buena suerte. Más vale volverse casada y honesta antes que alguno se vaya de boca.

Tiene los sobacos mojados. Camina un poco de un extremo a otro del corredor, cuidando de no hacer ruido. Teme que su ansiedad asuste a la novia. Enciende un cigarrillo.
En poco menos de un año, sueña estar ahí mismo, afuera de la habitación, una noche como esta, fumando ansioso. Una espera distinta y semejante. Ahora espera para ejecutar el acto que, repetido, ejercitado diariamente dará origen a la siguiente espera en este mismo pasillo. El nacimiento del primero de los hijos. Del primer Zack de una generación nueva.
Quiere llenar a Irma y a la casa de hijos.

Ahora está segura de amar a Zack. Entró al noviazgo como entra una mujer ociosa a una tienda. Sin una necesidad verdadera. Buscando entretenerse. Matar el tiempo.
Él la quiso antes. Y terminó contagiándole el amor.
Irma no ha querido antes a ninguno. Ni como lo quiere a él. Ni menos. Ni más.
Zack es el primero.

(...)

Irma abre la puerta. Le franquea la entrada.
El abrazo del marido es largo, lleno de paciencia y de ternura. El camisón vuela por los aires. La echa, en cueros, sobre la cama. La contempla. Nunca ha visto una mujer desnuda como no sea en las postales pornográficas que compró en algún viaje a la Capital. Irma es más bella que esas mujeres anónimas fotografiadas en posturas indecentes. Y es suya.

Los ojos acuosos de la joven esposa miran, no quieren perderse detalle. Nunca ha estado completamente desnuda frente a un hombre.
Zack estira la mano para apagar la lámpara y ella lo detiene.
-Quiero verlo todo.- Dice.
El esposo sonríe y se desnuda. Se tiende sobre ella. Lame. Muerde. Chupa. Pellizca.
Ella se queja.
Una imagen se le viene a la cabeza. Un conejo blanco corre en la nieve entre los árboles altos y pelados. El sol brilla. El bosque está mudo. Sólo se escucha la carrera del conejo pasando entre los troncos negros, levantando pedacitos de nieve con las patas traseras. ¿Adónde irá ese conejo con tanta prisa?

(...)